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Poema 1503

. 5 de febrero de 2025
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Bueno, ese día a la tarde de puta casualidad pude dormir la siesta, a la mañana fui al médico y por una boludez burocrática, si no ingresás al laburo antes de las 11, igual te descuentan todo el día, así que después de almorzar tenía un rato libre y aproveché.

En ese rato soñé con vos. Soñé que estábamos en una casa, en una fiesta como si fuera fin de año, con gente que yo no conocía. Estábamos alrededor de una mesa bajita, con sillones y sillas. Había platitos con cosas para picar, muchas conversaciones y un barullo constante. De repente, en un momento tipo el Chavo del 8, una piba—de pelo enrulado y medio colorado, no sé quién era—hizo una pregunta:

—¿Pero ustedes qué son?

Nos miró a vos y a mí. El silencio pesó en el aire. Vos te empezaste a reír, la puteaste medio en broma, sólo unos pocos se hubieran percatado de tu incomodidad.

—Ah bueno... —dijiste, todavía riéndote.

Yo dije: —Bueno, dejá, - me estiré, agarré una copa de vino, le di un sorbo y empecé a hablar. Un monólogo que, claramente, no recuerdo del todo, pero sé que decía algo así:

 **"Somos un amor.
Somos criminales.
Dos borrachos empedernidos.

Somos lo que mueve la aguja de la brújula.

Somos la mirada perdida en el horizonte
y el escalofrío que te sube por las piernas cuando pisás el borde del mar.

Somos eso que nunca se pudo hacer,
cuyas partes están ahí siempre,
dando vueltas en un cajón.

Una caja,
un boceto de algo hermoso que nunca pasó del papel.

Somos un castillo de naipes,
todos rojos.
Un libro de tapa dura,
lleno de hojas con palabras raras
y palabras hermosas,
y dibujos detallados hechos a mano alzada:
una flor, un cordero,
un prado de tréboles y dientes de león.

Las escamas de un dragón dibujado en 1503.

Y también somos una estación de subte vacía,
tranquila,
justo antes de que pase el último tren.

Somos un cartel luminoso
al que algunos se acercan a mirar direcciones.
Somos el amarillo y el celeste.

Somos otras cosas que no se pueden nombrar ni describir,
pero que también somos.

Somos padres, hijos y hermanos,
somos dos especímenes de una civilización perdida,
dos curiosos sin miedo de mostrarnos curiosos en público,
que vamos sin vergüenza de levantar el brazo,
señalar un edificio y contar su historia.

Somos todo eso.
Y somos nada.
Una brisa en medio de un vendaval.
La gota más redonda en medio de una tormenta.

Somos un suspiro.
Un suspiro.
Y una llama."**


La fiesta terminó, en la ventana la noche se desvanecía y el barullo era solo un recuerdo.

En mi siesta el sol me quemaba la cara.

(...)

Mañana extraña

. 11 de julio de 2007
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- Instrumental - (Percusión en el volante)

Quién sabe Alicia este país
no estuvo hecho porque sí,
Te vas a ir,
vas a salir,
pero te quedas.
¿Dónde más vas a ir?

...

Cuando, frenado en el semáforo, observo en la esquina de enfrente, una señora a la que se le cae un guante.

- ¡Señora! -grito- ¡Señora! -la gente que cruza me mira extrañada- ¡Señora, se le cayó un guante!

- ·

- No, no; en la vereda de en frente -les digo, señalando a la otra cuadra-

- ·

- ¡El guante, Señora!

El semáforo se puso en verde, la gente aún me mira extrañada. La Señora, se agacha, toma el guante y lo pone en su enorme cartera. Sigo mi marcha.

...

Y es que aquí sabes,
el trabalenguas traba lenguas,
y el asesino te asesina.
Y es mucho para tí.

Se acabó ese juego que te hacía feliz.

- Instrumental -

No cuentes lo que viste en los jardines,
el sueño acabó.
Ya no hay morsas
ni tortugas.

...

¿Cómo hice yo, con mi visión reducida, para ver un pequeño guante caerse del otro lado de la calle? ¿Habrá existido el guante? ¿Habrá existido la Señora? ¿Por eso me miraban raro?

...

- Instrumental -

Un río de cabezas aplastadas por el mismo pie
juegan criquet
bajo la luna.

Estamos en la tierra de nadie,
pero es mia.

Los inocentes son los culpables
dice su señoría.
(el rey de espadas)

- Instrumental -

No cuentes que hay detrás de aquel espejo:
no tendrás poder,
ni abogados,
ni testigos!

Enciende los candiles que los brujos piensan en volver
a nublarnos
el camino.

Estamos en la tierra de todos
en la mía;
sobre el pasado y sobre el futuro,
ruina sobre ruina.
¡Querida Alicia!

- Instrumental -

Se acabó ese juego que te hacía feliz...

...

De repente, Harry Potter cae del cielo con su escoba rota.
El muy boludo se chocó contra un avión. ¿Acaso no lee los diarios? ¿No sabe que en la Argentina tenemos problemas con los radares? Si no se ven entre los aviones, ¡Cómo lo va a ver a él, que es tan sólo un nene volando en una escoba!

- ¡Hey! ¡Harry! ¡Harry Potter!
- uhmm.. Yes?
- Hi, I saw you falling. Do you want me to give you a lift?
- Oh, that would be fine. Thank you.
- There is no problem, just take one of these pills, and lets fly!

...

- Instrumental -

Volare...
oh, oh, oh, oh!
Cantare...
oh, oh, oh, oh!

Nel blu dipinto di blu,
felice di stare lassù

...


Se acabó ese juego que te hacía feliz...

Alicia en el país - Charly García
Todo el lime que lo acompaña; yo, hoy, miercoles 11 de julio manejando por Av. Medrano

Crónicas de un estrellado IX

. 19 de mayo de 2007
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El tránsito en la Ciudad de Buenos Aires dista de ser fluido, tranquilo y pacífico. Más bien es... insoportable.

Desde hace un tiempo que algunas (bastantes) de mis llegadas tarde fueron reemplazadas por llegadas temprano, la psiquis es terriblemente controladora. (Aunque debo admitir que aún no puedo hacer lo mismo antes de las 10 de la mañana) Pero bien, debido a mi llegada temprano, poco más de una hora, me encontré manejando hacia una plaza para hacer tiempo. En el interín, me crucé con un embotellamiento que me hizo cambiar de planes, por lo que al pasar el percance, me dispuse a retomar tranquilamente mi dirección original.

El motivo de mi llegada tan temprano puede explicarse de muchas maneras, ninguna es exacta. El ruido de la ciudad es constante, el de mi cerebro, también.

Crucé una calle conocida, dejé pasar a unos peatones, y a un auto a mi izquierda que se veía que estaba apurado. Seguí en mi dirección original, esquivé una pila de basura y seguí detrás de un taxi. Llego temprano desde que puse en la balanza algunas de esas piezas que siempre me faltaron. La gente sigue plantando los ficus en las veredas. Un motoquero puso la luz de giro y lo dejo pasar. Llegué a la esquina, frené y arranqué una vez que el taxi vuelve a arrancar, sentí el suave descender en la cuneta de la bocacalle. Llego muy temprano. Y el taxi se vuelve hacia atrás. Frené. Pero él sigió hacia atrás y chocamos.

Fue muy poco lo que él retrocedió. Pero lo suficiente para chocarme. Es verdad que yo iba muy cerca, pero, quién no en la ciudad.

Me bajé tranquilo, él lo hizo después. Miré mi auto, sólo rompió la óptica de la luz de giro y me hizo saltar un poco el plástico del paragolpes. Tranquilo me volví hacia él y ví cuando frotaba su paragolpes y noté parte de la pintura del mismo saltada. Me acerqué y le pregunté si estaba bien, a lo que él nunca contestó.

Yo pensaba que algo le tenía que haber pasado, porque una cosa es aminorar la marcha para doblar en una esquina, otra es frenar cuando está cruzando algún peatón y uno debe cederle el paso al doblar, pero ¿retroceder? no conozco ningún motivo que lo justifique. Por lo que pensaba que quizá se sentía mal o algo por el estilo.

Me sorprendió lo que obtuve por respuesta: "Pibe, ¡vos venías muy rápido!, Estás en una ciudad, tenés que andar despacio" - me dijo sin mirarme a la cara - "Tenés que frenar en las esquinas, porque ves, hay una cuneta" - mostrándome la curvatura de la cuneta, con sus brazos extendidos con las palmas hacia abajo, algo acuclillado, como si fuera un escultor notando alguna cualidad de su obra - "y tenés que frenar en la cuneta, tenés que andar despacio".

Con mi cara de sorpresa, y una solemnidad inexistente le contesté que yo no venía rápido, que él no sólo frenó en la esquina, sino que venía en reversa. Que yo había frenado cuando él frenó y que había arrancado cuando él arrancó. Que no había nadie cruzando y ningún auto doblando más que nosotros dos. Y que frené cuando el venía en dirección contraria, e inclusive alcancé a girar la dirección, pero no pude evitar que él me chocara.

Siguió convencido que el problema era yo. Le dije, una vez más, que yo no venía rápido, que aceptaba que me dijera que no manejaba a una distancia de dos metros de separación -¿pero quién puede en la ciudad?-.

Cómo explicarle que el problema soy yo en muchas oportunidades, en incontables ocasiones, pero que en ésta, mi única falta fue venir detrás de él a una distancia poco prudencial.

Se volvió hacia su taxi, y se alejó puteando, insistiendo en que yo soy el del problema.

En ese instante en el que ví que me dió la espalda para irse, con ese ademán sobrador, la tranquilidad que me agobiaba me abandona, y la ira se sobrepone. Un calor me brotó de las entrañas y un deseo de pegarle se posesionó de mi.

Pero no lo hago. Putié. Putié muy fuerte. Pero a él no le importó, no se volvió a buscar su parte. Se subió al auto y se fue.

...

La mañana siguiente, salí bastante temprano para el trabajo, después me enteraría que esa cosa rara en el cielo eran los meteoritos. Pero era tarde. Las autopistas estaban cargadas como siempre y los giles que van a 80 km/h por los carriles rápidos son siempre muchos. Eso no me molestaba más de lo habitual. Podría decirse que iba con una sonrisa.

Pagué el peaje, y salí de la autopista. Tomé por la avenida de doble mano mas angosta del planeta (pero la única que me lleva hacia donde voy) y esquivando autos, colectivos y camiones me dirijí al trabajo.

Había pasado bastante ya de una de las últimas cuadras de tamaño ciudad (para dar paso a las de tamaño campo) cuando sentí una pequeña, breve, explosión. Miré por los espejos, miré los controles del auto y seguí, porque había sido mi imaginación. A los pocos segundos, cuando la camioneta que estaba a mi lado se aleja, escuché el ruido característico del aire saliendo de una rueda. Putié y doblé en la esquina dispuesto a cambiar la rueda.

Cuando me agaché para ver la pinchadura, encontré para mi sorpresa algo que no puedo llamar miguelito. No puedo, porque miguelito expresa una sensación de pequeñez, incluso de picardía, de nimiedad. Miguelitos eran los de antes. Esto era otra cosa.

Era un fierro de considerable tamaño, afilado en todas sus secciones, que tajeó la rueda en varias partes.

Putié. Mucho putié. Eran las ocho de la mañana y no me importaba que la mitad de los pobladores estuviera durmiendo. Tampoco que los de la verdulería que descargaban la camioneta fueran a pensar algo. Aflojé la rueda rota. Putié contra todo aquel que me rodeaba. Putié en varios idiomas, apelando a varias religiones. Saqué el auxilio del baúl. Putié a los hacedores de "miguelitos" y les deseé los peores males de la tierra. También les deseé que la plata que hicieran arreglando gomas no les alcanzara para los tratamientos que fueran a necesitar. Puse el auxilio. Putié a sus madres, a sus tías y a sus hermanas. Putié acerca de lo cornudos que eran (son). Putié y canté. Ajusté los bulones. Canté muy fuerte. Una sola estrofa. Repetida. Fuerte.

Sumisión

. 11 de abril de 2007
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: decisión de permanecer en un estado hostil por imposibilidad de ver un futuro distinto por comodidad o por experimentar una ceguera emocional.



Oscura habitación en la lejanía del mundo, ruido a huesos colisionándo, pensamientos fortuitos y sensaciones extrañas. Corazón cegado.Decisiones erradas y caminos inciertos. Perdidos en el tiempo finito, escapados de una pesadilla los hechos se suceden. La razón de un latido, ajeno al duelo, se escapa en los silencios. Las miradas ocurren pero no son vistas. Las palabras se pierden en el abismo. Abismo oscuro.



...

Unos hermosos ojos fuera de orbita.
Los perfectos dientes apretados con fuerza.
La respiración furiosa.

Del cuerpo emanaba pasión.
Los músculos brillaban a la luz de la luna que se colaba por la ventana.
El pecho latía fuerte debajo de la piel.

Una gota de sudor le recorría la cara,
y caía para dejar paso a la siguiente.
La piel estaba tersa, pero resbalosa por el calor.

Yacía bajo su fuerza.
Las manos apretaban el cuello con desesperación.

La sangre presionaba por debajo de la sien.
El perfume era mas intenso.
Los ojos eran ahora mas grandes.

No ofrecía resistencia.
Es como debía ser, como quería.

...
...

La cara que él veía era de aceptación, de sumisión.
Ver eso le molestaba aún más.

...
...

Casi no había oxígeno ya.

Su vista se nubló y él se perdió en la bruma.

Justo cuando la nube se hizo mas oscura, cuando lo dejó de ver, apareció una duda.

¿Porqué?

...

Hechos de hoy

. 12 de marzo de 2007
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¡Brindo por el taxista calentón!


(risas)

Hoy mojé terriblemente a un taxista de camisa blanca con agua de zanja.

Al principio, me preocupé.

Después me di cuenta que me gustó.


Pobre... pero gracias por alegrarme la noche.

...

En definitiva, si no hubieras frenado tanto al cruzar la avenida, yo nunca hubiera tratado de adelantarme por un costado, salpicando con agua y barro el interior de tu taxi que llevaba la ventanilla baja.

Si hubieras tenido un pasajero, capaz que me hubiera costado mas aceptar mi risa.
...

Fue un accidente (que mas de una vez sufrí yo) y voy a tratar de no tenerlo muy seguido.

...


(mas risas)

Filosofía Obligatoria (desde jardín de infantes)

. 5 de marzo de 2007
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Filosofía Fundamental:

...
Al Don,
Al Don,
Al Don Pirulero
C a d a c u a l,
cada cual
ATIENDE SU JUEGO
Y el que no,
el que no:
UNA PRENDA TENDRÁ
...


Brainstorm #

. 1 de marzo de 2007
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Pensé que había comentado algo acá en lo de Peanuts!... ahora no recuerdo exactamente que era lo que le quise decir cuando lo leí por primera vez... pero supongo que que tenía que ver con el estudio.

Hoy... La mente en blanco, que lindo suena eso. La mente en nada, en nada de nada. Blanco. Blanco papel. Tiza. Blanco...

No, mi mente nunca se queda en blanco. Piensa en blanco, que no es lo mismo.

...

No, ni siquiera en los exámenes... En esos momentos de incertidumbres piensa en lagunas llenas de typhas, y junquillos. En las orillas, líneas enredadas en las plantas sumergidas. Piedras de construcción y vidrios rotos.

Sol fulguroso, pero se cierne esta oscuridad eterna.
...
Rayos violetas y rojos caen detrás de mis párpados, duelen justo detrás de mi cerebro. La electricidad se expande por todo mi cuerpo. Me quedo inmóvil, o me muevo, pero para disimular...

Rayos tiemblan en mi cabeza, en el interior de mis huesos.

Y me quedo inmóvil por dentro. Muerto. Pero no se nota. Me muevo al son de los cuerpos. Si hablo es para decir las cosas que deberían ser escuchadas en momentos como ese. Si me muevo es para mover las cosas que tienen que ser movidas en momentos como ese.

Creo que disimulo el miedo y la vergüenza así, pero estoy quieto realmente. Frío. Muerto.

...

Camino rápidamente
mirando a mi alrededor,
temeroso,
camuflándome en cada paso
con confianza
y seguridad.

La mochila está pesada, y está camuflada también.
Se le rompió una correa, me quema la cara.
El sol está fuerte. Me duele la espalda.
Con una mano cruzada en el pecho sostengo la correa rota.
Sigo caminando mirando sin mirar.

Entre todas las cosas que cargo en la mochila hay un pabilo ceroso pero que está húmedo, no se enciende. Hay un alajero barato lleno de cosas diminutas, tesoros de niñez que tapan el doble fondo.

Debajo está el mecanismo de la caja de música. Pero está dañado.

Hay un león bebé muerto, pero que sigue vivo. Una sandía reventada, con las semillas desparramadas. Una botella de kerosene vencido. Un alacrán. Una pluma de gallo seco. Un ronquido. Una escapada en la madrugada. Silencio. Café batido. Mucho ruido. Una escalera. Un short con números. Otro de dos colores. Una hoja de palta. Una película con un barco en el mar. La luz "cortada". Patio.

Cena multitudinaria. Una pregunta. No. Calor, mucho calor.
Vueltas carnero. Un perfume a carne dulce. Una suave caricia en la boca. Jugar a las escondidas. Descanso.

Una barricada en la puerta. Tarzán. Un sillón viejo, forrado en una tela sintética que raspa. Errores, muchos. Un ritual para que llueva. Agua en una botella. Dos gorriones muertos. Una trampera. Cajones de manzanas con alguna podrida. Podredumbre húmeda (Erwinias carotovoras).

Una habitación nueva, chica. Oscuridad húmeda. Luz caprichosa. Enojo. Vergüenza. Enojo. Terrome, terrome, te sin, te san, terrome, terrome, te pum, Bajá! Iguales. Sigue. Frenesí. Puerta de entrada. Alboroto. Cuernitos de grasa. Risas.

Otra habitación nueva. Un altillo. Una espina. Mala espina.
Un cartón. Papel de diario. Revistas envueltas en él. Desconfianza. Dos perros. Otra escalera, oscura, peligrosa, tenebrosa. Una habitación enorme, desordenada, sucia, quizá con ratas. Una ronda. Sorpresa. Un estallido.

...

Una salida nocturna. Un cabaret de cuarta. Susto. Primera fila. Una mano. Retos. Corridas. ¿Adultos? No, jueguitos de video. Regreso complicado. Viaje largo en un colectivo frío. Reproches infantiles. Enojo. Descenso apresurado en el viaje interrumpido. Me siguen. Los pierdo. Se pierden y no me importa, me alegra. Noche oscura, y fría. Regreso salvo. Remordimiento por los perdidos lejos en la noche fría. Me apaño. Duermo

...

Un llamado. Otro secreto. Pollo. Con asco. Dolor. Molestia. Mas que antes. Se acumula. Una evidencia estúpida. Una respuesta rápida e inteligente. Crimen. Secreto.

...

¿En Blanco? No, nunca.

Después leí en otro blog algo que llevó a mi mente hacia otro lado, y como ocurrió todo muy seguido decidí seguir con el brainstormig, ahora en otro área.

Otra de las cosas que cargo en este viaje hacia la montaña esa, es esta sensación rara de no sentirLA o no sentir CON.

...

Miedo siento... Piedras debajo de la piel. Púas en los ojos. El cerebro ardido y entumecido. Las manos sin tacto. Los labios partidos siento...

Sentir CON la otra persona. Sentir a LA otra persona. En algún momento sentir otro corazón, otra alma, otra piel. ¿O es que no se siente nada? ¿Será normal no sentir? Bueno en verdad yo siento, si, no es que no sienta nada. Siento inseguridad, vergüenza, miedo. Seguramente es tanto lo que siento que no me dejo disfrutar. ¿Será que no puedo? ¿Pude alguna vez? Me recuerdo. No recuerdo a nadie mas. No recuerdo que nadie me haya pasado su placer. No recuerdo haber sentido el placer de la intimidad, del sexo. ¿Será por eso el miedo? Pero, yo sé que soy sensible a las palabras a los gestos, a las miradas... Mi cerebro es una cajita de sorpresas, con obstáculos y pequeños moldes, con vallas... Tendré que entrenarme en esto.

uuuuhhhh

¡En este momento quiero borrar todo!


¿Y porqué carajo no borré esto en lo de Rogelio? ¡Miraba para otro lado, y listo!

No sé.

Celda

. 25 de febrero de 2007
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Me acerqué a la pequeña cárcel, sin puertas ni ventanas. Una cárcel que es sólo un cubo de concreto, en el que él fue encerrado.

Quité el seguro y des-sellé la puerta secreta.

Lentamente la abrí. Con la linterna iluminaba muy poco en la fría oscuridad del pequeño escondite. Tinieblas y oscuridad es todo lo que recuerdo haber encontrado.

Él no estaba.

Me quedo perplejo. Cautelosamente revisé todos los rincones de la diminuta habitación. Habitación sin muebles, nada más que piso, paredes y techo.

No encontré ninguna fisura por la que pudiera haber salido. ¿Habrá sido él más pequeño de lo que lo recordaba y cuando abrí la puerta se escapó entre mis piernas sin que yo lo notara?

Un escalofrío subió por mi espina.

Salí corriendo y miré a mi alrededor. Nada. Observé con detenimiento todo lo que me rodeaba. Con asombro descubrí que en todo puedo reconocer las pequeñas marcas de sus manos.

¿Hacía cuánto se había escapado? Giré sobre mi mismo y mi corazón se detuvo. Un dolor en el pecho me impedía respirar.

Había sido engañado todo este tiempo. Los horizontes que observaba se elevaban como grandes muros cuyo techo se escapaba a mi vista.

Yo estaba encerrado.

Una prisión tan grande como podía ver, que había sido disimulada todo este tiempo en el que me ocupaba en otras cosas. Disimulada con un espejismo de libertad y control.

Mi corazón seguía sin latir, los ojos me pinchaban, la respiración entrecortada por el dolor, nada me dejaba pensar con claridad.

Caminé torpe y lentamente hasta una de las paredes. Al llegar, con mis manos sentí su áspera oscuridad. Eran firmes y frías. Sólidas. Lentamente me moví tocando el muro, buscando alguna grieta, alguna forma de escapar.

Pero no lo encontré.

Agonicé días enteros. No comí ni bebí nada. No hablé.

...

Hasta que junte fuerzas para volver a revisar cada centímetro de los muros, permaneceré atento y descansado. Tiene que haber una forma de salir. Una falla, un mecanismo que me permita escapar.

Al fin y al cabo, yo me equivoco y fallo en tantas cosas, ¿porqué el muro sería perfecto? Tiene que tener un punto débil.

Tendré que caminar, cuidadosa y minuciosamente, por las paredes y los techos hasta encontrar la manera de salir. Tengo que descansar. Va a ser una tarea agotadora.

El perro

. 15 de febrero de 2007
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Te vi, sudabas, arrastrando con algo de odio un perro, de esos chiquitos que entran fácilmente en un bolso, bueno, no tan chico.

No pensé que fuera tuyo. Pero me molestó como lo tratabas. Lo insultabas.

Me gustaste.

Estacioné, y me acerqué a tu lado. Te saludé y te pregunté si te dabas cuenta que estabas maltratando al pobre perro.

Me dijiste con una voz fuerte y sensual, que era un perro jodido, y que nunca te quiso. Que te rompía las zapatillas, que te ladraba cuando llegabas y cuando te ibas. Que te orinaba las cortinas y cualquier cosa tuya (y sólo tuya) que dejaras en el suelo.

Me reí sutil y pícaramente de tus desgracias con el pequeño can.

Me incliné y acaricié al pequeño neurótico. Con palabras dulces le acaricié el lomo y entre las orejas. Él sólo movía la cola complacido.

Entonces vi mi oportunidad. Y te dije tramposamente que el pobre perro te quería demasiado, que por eso te celaba todo el tiempo.

Te reíste. Y cuando viste que yo no me reía ni me retractaba, te percataste que no era un chiste.

Te propuse demostrártelo. Dije que él te va a proteger si alguien te quiere lastimar; pero no quiero lastimarte para demostrarte que estoy en lo cierto. Para que veas que te quiere, insistí, te puedo hacer unas caricias, y si él reacciona y me muerde, te vas a dar cuenta que es de celoso que te molesta tanto.

Asentiste, casi hipnóticamente, instantáneamente.

Acerqué mi mano a tu cara lentamente. Acaricié tus pómulos con las yemas de mis dedos. Acaricié tus labios, tus orejas, tu cuello.

El perro nada. Se quedó sentado, pétreo.

Quizá esto no lo perturba, en definitiva es una caricia inocente- dije suavemente. Si me dejaras seguir, seguramente reaccionaría y me mordería- susurré luego, casi acariciando tu oreja con mis labios.

No emitiste ninguna palabra.

Tiernamente mis labios acariciaron los tuyos, sentías mi respiración sobre ellos y yo sentí que no respirabas. Me acerqué un poco mas y te besé con pasión. No te lo esperabas, pero no desististe a mi beso. Tomé tus caderas con firmeza y te aprisioné junto a mi. Con una de mis manos acariciaba tu cuello, con la otra, tu cintura.

Sentí un fulgor saliendo de tu cuerpo. Y tu perfume invadía todo mi ser.

El perro ladró. Pero no te detuviste. Ahora eras vos quién me tomaba por la cintura y el cuello, casi fundiéndonos.

Sentimos un tirón de la correa, y el perro saltaba contento. Caminamos un par de cuadras siguiéndolo, hasta que llegamos a la plaza.

Nos sentamos en un banco mientras el perro correteaba feliz a nuestro alrededor.

Nunca más te quejaste de que te mordiera las zapatillas.

.
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Y que me dicen de esa casa sola que se ve desde un avión.
Quizá en la soledad no haya dolor
De pensar, de pensar... en nada


Pensar en nada, León Gieco

Anagramas Top ten!!

. 5 de febrero de 2007
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Bueno, lo mío fue una pequeña muestra de mi locura en clave de anagramas, que derivó en un post que es furor en ventas del Señor Frodo Bolsón (o Fodor Lobson como dice él llamarse...).

Se me ocurrió tarde mencionarlo (para variar),



Los top 10:
(sin orden alguno)


  • Fodor Lobson: Son of Dr. Lobo!!! Los robó Fond!!
  • Carpe Diem: Pide Merca!!! , Mierda'e PC!! , (Pecáme Dr.!!)
  • Peanuts!: Pum... ésta!!!, Apestún!! Es tan pu...!!
  • Kaitos: Kasito
  • Nove: Ven, o...
  • Ramiro: ¡A morir! (Morirá, o uno doble: ¡A mirar o morir!)


Hay algunos desopilantes de por sí, y otros con significados geniales! Pasen y vean


¿¿¿Ustedes se animan a anagramarse el nombre???

Desfalco

. 3 de febrero de 2007
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( ! )

...

Ahora resulta que yo no dije nada. El que había hablado era ese. Ese inverbe que no supo, no pudo tomar una desición pensando en mi.
Pero claro, que le importaba a él, si su tiempo se terminaba.

Ahora estamos acá sentados los dos, el mocoso y yo. Uno con las manos sucias, el otro con el corazón roto.

La víctima ahora es victimario, me sienta en el banquillo de los acusados. Y yo me descargo, me defiendo.

...

(Llantos)

...

La doctora dice que va a ser una operación difícil, larga y complicada, como viene siendo hasta ahora, pero que esta vez, por fin puede tener un final.

...

El hada madrina no puede hacer nada, sus magias no funcionan. ¡Malditos gnomos! Me han robado tanto, ahora le roban a ella su varita.

....

Mi otra mejilla ya está abofeteada, es hora de resolver las cosas, arrancar de raíz las malezas, y dejar sobre la mesa sólo los frutos que se puedan digerir.

...

Me pongo la barba y las botas de cuero de potro, mascando rapé salgo a resolver las cosas, a los golpes y con riesgo de salir herido de muerte. Me acerco con mi facón oxidado,

...

...

(Sangre)

...

(Me caí)

Aturdido

. 18 de enero de 2007
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Narración de colapso nervioso



Cierro la puerta diciendo:
"Ya no te quiero en mi vida"

...

(Risas)

...

Alguno de ellos siempre me acompaña.
Hoy estoy con él.
Pero no estamos de ánimo como para hacernos compañia.


Diecinueve horas,
Veinticinco minutos,
Dos segundos.
Solo.

Encuentro piel muerta debajo del cadáver.
Me sorprendo.

Un viento helado llega a mí desde las rías.
La sangre recorre mi cuerpo.
Cae perpendicular al piso.
Ya no hay viento que la pueda mecer.


Me pierdo en la ciudad que mas conozco.
Luego recuerdo que me encuentro a unos metros del mundo.


Estiro un brazo, una pierna.
Otro brazo, otra pierna.
Una mano.


Posición fetal.

...


El rocío moja mis pies.
Germino.

...

No sé cuántas horas,
No sé cuántos minutos,
No sé cuantos segundos.
Vacío



Sólo recuerdo que dos veces dije
"Gracias, no tengo hambre"
Pero no recuerdo haber comido.



Tres días,
Cuatro horas,
Treinta minutos,
Diecisiete segundos.
Golpean la puerta.



Apreciación sentimental de reacciones pedagógicas al estímulo emocional

Mi querido agente 003

. 9 de enero de 2007
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Lo que les voy a contar, a algunos les va a tomar de sorpresa, otros ya lo saben. Lo amo.

Hace bastante tiempo que está conmigo. Ya casi ni lo oculto. A veces me avergüenza, pero igual seguimos juntos.

Él nunca me lo dice, pero yo sí. Lo quiero. Lo mimo y cuando me deja, lo cuido. Últimamente lo tengo algo abandonado. Pero creo que es él el que me aleja.

A veces me maltrata, me pega patadas y hasta en una oportunidad me mandó al hospital.

No me dijo nada, ni perdón, ni nada. Yo no le exigí nada. Sé que lo que hizo, lo hizo sin pensar. Si pensara no me lastimaría, Aunque no me lo diga yo sé que me quiere.

Él es bueno. Hasta mi viejo lo quiere. Lo acepta como es. No sé si sabe cuánto lo quiero y lo que nos une. Supongo que si no se dio cuenta, es porque no quiere verlo.

Pero algo está mal entre nosotros. Él ya no es el mismo que era. Está cambiado. Yo también cambié.

Es unos años menor que yo. Pero a veces me parece viejo. En realidad, tiene mucha vitalidad, alegría y lo que mejor le sale es la comedia, y especialmente de humor negro. Bah, es lo que a mí más me gusta de él.

Algunas veces me metió en líos con su raro humor. Una vuelta estábamos Ana y yo con él. Íbamos por una calle en la que la gente hace deportes y se puso a gritarle a una señora, que por más ridícula que se viera con lo que tenía puesto y los movimientos que estaba haciendo, no se merecía semejante exposición y falta de respeto. Tuve que pararlo. Aunque después con Ana nos reímos de la situación, él se quedó callado el resto del viaje.

Ya casi no hablamos. Yo le hablo, le canto, a veces lo hago excesivamente mal adrede, para provocar en él alguna reacción... pero nada. Siempre en silencio.

Compartimos todo juntos. Pero no me habla. Yo lo penetro con ternura y no dice nada, con fuerza y no dice nada. Le pego y no reacciona. Sólo cuando lo piso dice algo, capaz le molesta o le gusta... aún no lo tengo en claro. Pero reacciona. No sé que será... quizá algún un trauma de la infancia.

Ahora me voy de vacaciones una semana solo. De mil y un formas me hizo saber que no quería venir conmigo. Pero nunca me lo dijo explícitamente. Hoy lo entendí. Mañana saco mi pasaje. Él se queda porque así lo quiere.

Una amiga me dijo hoy (ayer) que pensara en ella. Pero le mentí. Pienso en él y voy a pensar en él. En su calidez, en su ser tosco y duro, aunque ágil de movimientos. Es mugroso, siempre sucio. Me gusta bañarlo, sé que él lo disfruta también. Después lo penetro distinto, con otro sentimiento. Pero él es el mismo. Silencio, sólo hace ruidos guturales. No me habla.

Voy a pensar en él bastante en estos días. Mi hermana sabe algo y me dio una semana y media de tiempo para que le pague su silencio. No quiero afrontar nada aún, no es el momento. Y no quiero abandonarlo. Pero quizá sea lo mejor. No lo sé aún. Y no sé que voy a hacer. Si pagar y dejar todo oculto, o hacerme de coraje y decir lo que realmente siento. Capaz que no vale la pena. Capaz que nos quedan pocos días juntos.

Lo quiero aunque no me hable, aunque no me escuche, aunque me abandone, aunque me tire en cualquier parte. Lo quiero y mañana también se lo voy a decir.

The entrancing Flame

. 4 de enero de 2007
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Heymer
Continúo con Ella, con sus ardorosas necesidades en la facultad -






Era una clase aburrida, lo sé. Pero nunca imaginé que los acontecimientos de esa mañana derivaran en tan extraña situación.




En el anfiteatro el constante murmullo de los cautivos estudiantes, era obviado por una profesora que pretendía explicar temas inéditos para ella. Algunos hacían el intento de seguir sus divagues a través de las membranas y organelas. Pero para la mayoría la penumbra cómplice del salón volvía a la clase una actividad insostenible.


Entre todos los asistentes, Ella sobresalía cerca del fondo del aula. No sólo porque había llegado tarde, sino porque a pesar que el frío se hacía sentir, Ella se abanicaba sonoramente con una guía de trabajos prácticos.


Su intención no era otra que la miraran. Siempre lo sospeché, pero no me imaginaba con qué inteciones estaba buscando la atención. En un principio pensé que sólo lo hacía para que todos supiéramos que estaba alli, como si a algún ser humano se le pudiera escapar su presencia.


Desde mi ubicación pude observar todos sus movimientos al detalle. Mientras se acomodaba el pelo, jugaba con sus labios, y refregaba sensualmente sus piernas una con otra.


Se reclinó hacia adelante y pude observar como soplaba eróticamente la nuca al afortunado muchacho que se encontraba en la butaca de adelante.


El jóven se sobresaltó, y creo que hasta la llegó a rozar con el manotazo que pegó de la sorpresa.


Ella se retiró y le guiñó un ojo. El no entendía nada y sonriendo se volvió, tratando de volver a prestar atención a las palabras de la profesora.


Acomodándose en el asiento, Ella se mostraba confiada. Con una mirada de convicción y revancha aguardó unos instantes, al cabo de los cuales se volvió a inclinar suavemente hacia su compañero, y descaradamente le besó la nuca. El giró la cabeza molesto en un principio, pero al ver la cara derrochante de deseo y placer de Ella se volvió a acomodar, ahora preparado para que Ella continuara.


Ella regresó a su interés, pero con una mirada distinta, más provocativa y malvada.


Le paseó su lengua por la nuca y jugó sensualmente con las orejas del ahora excitado joven. Apoyó su mano en el hombro y lo comenzó a acariciar lenta pero certeramente. Lo presionaba hacia ella, lo atraía a su boca de fuego. En un instante lo oí gemir, un gemido intenso pero ahogado. Ahora ella paseaba su mano por su cuello y lentamente se dirigía a su pecho debajo de la camisa.


Me percaté que Ella se estaba acariciando lujuriosamente con su otra mano, se tocaba por sobre la tela de sus jeans, pero ferozmente, como si se los quisiera arrancar. Sus ojos estaban desorbitados, pero cuando miraba infundía temor. Estaba encerrada en su placer, sus ojos ardían, como lo hacía todo su cuerpo.


Empecé a mirar al afortunado joven, de pelo castaño, bastante bien formado, por lo que podía presumir que era rugbier. Mantenía los ojos cerrados y tragaba saliva entre sus respiraciones entrecortadas. Estaba en su clímax, y Ella se encargaba de hacerlo persistir, con sus mordiscos y sus caricias.


La mano se perdió dentro de la camisa, llegando a su cintura, en una posición bastante incómoda a la vista, pero ambos seguían en su trance como si fuera algo natural. Ella lo obligaba a girar la cabeza con sus movimientos y lo besaba frenéticamente. Se refregaba su cara en la de él. El buscaba con su boca y con su lengua regresar al calor de su aliento, la calentura no le dejaba abrir los ojos. Ella se lo ofrecía solo de a ratos, como un premio.


Ella gemía suavemente, y los espectadores la sentíamos vibrar. Su calor se expandía por todo el anfiteatro y ya quedaban pocos que no se percataran de la situación.


Él respiraba con contracciones cortas, eran mas las pausas y gemidos que su respiración. En su cara solo se veían expresiones de placer, ese dolor placentero. Sus manos buscaban con torpeza liberar algo de presión, pero le resultaba difícil liberarse con la mano de ella tomándolo furtivamente. El clímax podíamos sentirlo en el aire. Ella gozaba. Exhalaba gemidos mudos. Se notaba que se esforzaba por callar sus gritos. Su otra mano ahora estaba perdida en lo mas fulguroso de su ser. Los sentí llegar. Fue intenso. Él había alcanzado a liberarse de la esclavitud de sus pantalones, segundos antes que todo terminara. Ella duró más. Reiteradas veces pensé que llegaba al fin, pero volvía a expresarse una y otra vez.


Se regodeaba con la labor cumplida, aún gemía y un sudor le recorría todo el cuerpo cuando la profesora dió por terminada la mejor clase del año.

En el semáforo

. 20 de noviembre de 2006
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Verde

Amarillo

Rojo

Acción!

Hace rodar una bola de cristal por sus fuertes brazos.
Recorre su nuca con destreza.
Baja hasta su mano sin pestañear.
Regresa por dónde vino, se detiene un instante en el aire.
En sus ojos celestes se refleja el cristal.

Ella lo mira.

Atraviesa su torso transpirado.
Cae rodando siguiendo una gota de sudor.
Se pierde en su pecho, rueda siguiendo las leyes de la gravedad.
Se pierde.

Él guarda la bola de cristal en su gorra de un sólo movimiento y sin tocarla con las manos. Y se acerca.

Ella le ofrece más que unas monedas. Lo deja servirse de entre sus pechos unos billetes.

Anonadado, estira su mano hacia el interior del auto. Duda. Y estira más sus dedos.

Ella goza.

La roza con sus manos transpiradas. Una gota de transpiración le recorre la frente y cae en su mejilla.

Ella gime.

Él se sobresalta, retira su mano. Está sorprendido.

Ella se acomoda, se estremece en el asiento. Abre sus piernas invitando al extraño. Se muerde el labio. Se acaricia lujuriosamente.

Él despacio vuelve a estirar su mano.

Ella lo toma con firmeza, y lo acerca.


Aceleran.