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Poema 1503

. 5 de febrero de 2025
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Bueno, ese día a la tarde de puta casualidad pude dormir la siesta, a la mañana fui al médico y por una boludez burocrática, si no ingresás al laburo antes de las 11, igual te descuentan todo el día, así que después de almorzar tenía un rato libre y aproveché.

En ese rato soñé con vos. Soñé que estábamos en una casa, en una fiesta como si fuera fin de año, con gente que yo no conocía. Estábamos alrededor de una mesa bajita, con sillones y sillas. Había platitos con cosas para picar, muchas conversaciones y un barullo constante. De repente, en un momento tipo el Chavo del 8, una piba—de pelo enrulado y medio colorado, no sé quién era—hizo una pregunta:

—¿Pero ustedes qué son?

Nos miró a vos y a mí. El silencio pesó en el aire. Vos te empezaste a reír, la puteaste medio en broma, sólo unos pocos se hubieran percatado de tu incomodidad.

—Ah bueno... —dijiste, todavía riéndote.

Yo dije: —Bueno, dejá, - me estiré, agarré una copa de vino, le di un sorbo y empecé a hablar. Un monólogo que, claramente, no recuerdo del todo, pero sé que decía algo así:

 **"Somos un amor.
Somos criminales.
Dos borrachos empedernidos.

Somos lo que mueve la aguja de la brújula.

Somos la mirada perdida en el horizonte
y el escalofrío que te sube por las piernas cuando pisás el borde del mar.

Somos eso que nunca se pudo hacer,
cuyas partes están ahí siempre,
dando vueltas en un cajón.

Una caja,
un boceto de algo hermoso que nunca pasó del papel.

Somos un castillo de naipes,
todos rojos.
Un libro de tapa dura,
lleno de hojas con palabras raras
y palabras hermosas,
y dibujos detallados hechos a mano alzada:
una flor, un cordero,
un prado de tréboles y dientes de león.

Las escamas de un dragón dibujado en 1503.

Y también somos una estación de subte vacía,
tranquila,
justo antes de que pase el último tren.

Somos un cartel luminoso
al que algunos se acercan a mirar direcciones.
Somos el amarillo y el celeste.

Somos otras cosas que no se pueden nombrar ni describir,
pero que también somos.

Somos padres, hijos y hermanos,
somos dos especímenes de una civilización perdida,
dos curiosos sin miedo de mostrarnos curiosos en público,
que vamos sin vergüenza de levantar el brazo,
señalar un edificio y contar su historia.

Somos todo eso.
Y somos nada.
Una brisa en medio de un vendaval.
La gota más redonda en medio de una tormenta.

Somos un suspiro.
Un suspiro.
Y una llama."**


La fiesta terminó, en la ventana la noche se desvanecía y el barullo era solo un recuerdo.

En mi siesta el sol me quemaba la cara.

(...)

Melancolía no es tristeza

. 24 de mayo de 2019
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Wild horses - Rolling Stones


Childhood living is easy to do
The things you wanted I bought them for you
Graceless lady you know who I am
You know I can't let you slide through my hands
Wild horses, couldn't drag me away
Wild wild horses couldn't drag me away

I watched you suffer a dull aching pain
Now you decided to show me the same
No sweeping exits or off stage lines
Could make me feel bitter or treat you unkind
Wild horses, couldn't drag me away
Wild wild horses couldn't drag me away

I know I've dreamed you a sin and a lie
I have my freedom but I don't have much time
Faith has been broken tears must be cried
Let's do some living after we die
Wild horses, couldn't drag me away
Wild wild horses we'll ride them someday
Wild horses, couldn't drag me away
Wild wild horses we'll ride them someday 

  



Tenemos derecho a estar tristes, tenemos derecho a caer, a rompernos, a desarmarnos, a llorar por semanas. Tenemos derecho y la necesidad de hacerlo, de abrazarnos a su almohada, a mirar fotos viejas. Tenemos derecho a estar a oscuras. Tenemos derecho a mostrarnos felices por fuera y vacíos por dentro. Tenemos derecho a salir a trabajar o a sociabilizar sin mostrarnos con dolor, volver a casa y llorar hasta dormirnos.


Pero también tenemos derecho a un día, así sin más, superarlo todo o en partes, pero que ya no nos pese. Tenemos derecho a vernos felices, a caminar bajo el sol una tarde de sábado. A esperar el colectivo cantando nuestra canción favorita, a tomar helados con chispas de chocolate, a reír hasta que nos duela la panza. Tenemos derecho a salir a flote y volver al camino de la felicidad.


Y ese paso, ese amanecer nuestro, tenemos derecho a dejarlo llegar sin presión, sin fuerza, sin pensarlo, o pidiendo ayuda si nos es muy pesado. 

Lo que no tenemos derecho es a hacernos doler sin más sentido que ahogarnos y dejarnos morir desde adentro. Es nuestra obligación prender aunque sea una pequeña luz, aunque sea unos minutos al día. Lo que podamos. Sabernos vivos y fuertes, auqnue sea esos minutos, saber que quizá mañana nos duela algo muy fuerte, pero que pasado podremos sonreir. Y así, algunos pasos adelante, otros atrás, caminar el trecho rocoso que nos separa de lo que queremos latir.

Saber que un día va a amanecer, es nuestra esperanza.



 

(...)