Despedida

. 31 de diciembre de 2011
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Cuando te vayas de aquí,
sentirás un aire frío.
No le eches la culpa al viento,
que son por tí mis suspiros.

Génova II

. 20 de diciembre de 2011
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Génova Príncipe es una estación bastante menos paqueta que la de Milano y Roma. Tiene un poco de ese sentimiento de inseguridad que quizá podemos encontrar en nuestros lares. Estaban arreglando, había andamios y la calle de salida estaba cortada. Salí de la estación y entré en una tabaquería para conseguir un mapa de la ciudad. Me costó un poco orientarme, no encontraba los carteles y no tenía muy en claro hacia donde tenía que ir.

Una ciudad rodeada de montes, con calles que van bajando hacia las costas del mar. Intrincadas callecitas que zigzagueando paseaban arriba y abajo. Mi instinto de supervivencia me señaló que debía ir hacia arriba, sin embargo algunos minutos mas tarde caí en la cuenta que debía caminar por la costa hacia el sur.

Cerca de la estación está la Villa del Príncipe, una casona de considerables belleza y dimensiones enmarcando un amplio jardín y su huerto de cara al suroeste, con lo que en algún momento debía de haber sido una inigualable vista al mar. Ahora tiene una vista privilegiada a la autostrada. Un pecado. El museo estaba cerrado, por lo que simplemente saqué unas fotos desde fuera y seguí caminando.

Bordeando el puerto fui bajando hacia el centro. En un momento me vi tentado de internarme en esas callecitas angostas, algo oscuras, y lo hice. De repente una señal de alerta se intentó prender en mi cerebro, pero hice caso omiso y seguí caminando entre inmigrantes de diversas lenguas y callejuelas que cada vez me recordaban mas a las películas de piratas. En pasillos de no mas de un metro y medio, estaban apostadas pescaderías, panaderías, almacenes y demás locales de venta al menudeo. También relojes, artículos electrónicos... Desde hacía un rato me sentía observado, pero mi cara y mis movimientos eran de asombro y embelezamiento. A medida que me internaba en esas calles, mas atraído me sentía. En una verdulería me asombré de la variedad de frutas que había, ni en Milán había visto tanta variedad. En un puesto compré una crocante porción de fainá y seguí mi paseo hacia el centro.

A medida que me acercaba alejaba del puerto, me encontré con calles declaradas patrimonio de la humanidad, cafés y restaurants antiquísimos, universidades y palacios por doquier. Era una ciudad que supo ser señorial, aún se podía sentir el sonido y el brillo de las riquezas que circularon por esas calles. A cada paso me intrigaban las personalidades que habitaron esos pequeños y barrocos palacios. Incluso conocí la facultad de Agronomía de Génova, un antiguo palacio de tres plantas con un patio central donde el sol del mediodía apenas iluminaba un ramoso limonero que habitaba en un macetón de mármol.

Seguí recorriendo las calles, absorto, sin hambre ni cansancio. Caminé por vía Balbi sonriendo a cada paso. En vía Cairoli me encontré con dos increíbles particularidades, una librería que estaba abierta desde 1810, librería Bozzi, en la que mostraba en su vitrina un incunable de la época: Una crónica de la vida en Buenos Aires. Y la otra belleza, un café, abierto desde los mismos años, cuyos chocolates, amaretis, confituras y bombones parecían saltar de las bandejas en dirección a mi cerebro. Me detuve a mirar embobado cada una de las fachadas, cada una de las puertas y, como en una revelación, vi una calle que terminaba en una escalinata justo detrás del Palazzo Bianco.

Los escalones eran cada vez mas rústicos, empinados y cansadores. Pensaba en Pina y en lo mucho que le gustaría caminar por acá conmigo. Las veredas seguían subiendo y a ambos lados, las puertas y ventanas de bellos hogares. Las casas tenían las cortinas abiertas y adentro todo era pintoresco. En no pocas se podían ver cálidas imágenes familiares, fogones y a las señoras preparando la cena. Había un olor a laurel y leña en el aire, que se mezclaba con el fresco del mar.

Seguí subiendo hasta llegar a un mirador por encima de los palacios de la vía Garibaldi. A mi espalda los montes y sus casas mirando al mar. De frente se veía el puerto de Génova; a lo lejos el faro comenzaba a destellar. Finalmente la noche estaba cayendo. A mis pies, las luces de la ciudad coloreaban las calles. El cielo encapotado, frío. Mi corazón no entraba mas en mi pecho.

Y de repente, desde todas las iglesias, sonaron felices las campanas, en un concierto navideño. La ciudad me sonreía y yo, que no podía contener las lágrimas.

(...)

Génova I

. 8 de diciembre de 2011
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Dejar Milano me excitaba. Por un lado, las ganas de dejar esa ciudad apática y superficial, me generaba un gran placer. Pero por el otro, dejar una ciudad que había caminado y en la que me ubicaba con facilidad, que me generaba cierta tranquilidad y confianza, me daba un poco de vértigo.

El tren iba bastante lleno, mi mochila y yo conseguimos un lugar en un vagón de los años 90, limpio y cómodo. El tren atravesó la ciudad, se escapó de la urbe y empezó a tomar velocidad. La mañana estaba en todo su esplendor, de a ratos un sutil rayo de sol se filtraba por entre las espesas nubes. El camino estaba nevado desde hacía rato, pero cuando nos adentramos en los montes la nieve se notaba mas mullida y generosa.

Cruzar por dentro de los montes fue una experiencia notable. Algunos eran realmente largos, la oscuridad era plena. Uno en particular me pareció extremadamente largo. Si mi corazón tuviera que medir el tiempo diría 4 minutos de oscuridad total. Los sonidos también eran interesantes. Al ingresar a los túneles se aturdían, todo lo que se escuchaba parecía desaparecer brevemente. Después la presión en los oídos aumentaba. El zumbido de los metales rozando y el aire corriendo a presión sobre la carrocería provocaba cierto grado de temor. El hecho de que no se viera nada, de nada, colaboraba a generar un clima de expectación y misterio. En cambio, las salidas de los túneles eran estruendos de luz y sonido. Parecían disparos.

En una de esas salidas estruendosas, se hizo la luz. Y las nubes, a medida que nos alejábamos se hacían cada vez mas blancas y ligeras. El sol brillaba enorme sobre Génova. El mar, podía oler el mar.

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Te tengo ganas

. 11 de noviembre de 2011
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Tengo ganas de vos.
Y de experimentar los placeres más profundos.
Encontrar tu placer y divertirnos descubriendo caricias nuevas.
Derretirme en tu calor, ahogarme en tus ojos, marearme en tu boca.
Tengo tantas ganas de vos, tantas,
y de tantas maneras distintas.

Que tu cuerpo vibre junto al mío,
tengo ganas de que sudes de placer,
que gritemos juntos lo erótico de la vida.
Y olvidarnos del tiempo, de las historias,
olvidarnos toda conexión.
Tengo ganas de amarte en un universo paralelo.

Tengo ganas de vos, de recorrerte, de morderte, de acariciarte.
Y que todo el mundo desaparezca cuando me mires.
Tengo ganas de que me destruyas lenta y placenteramente.
Tantas ganas, tantas.
Que me mates y me revivas, una y otra vez.
Y si, tengo ganas de que acabes conmigo.

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Campestre

. 23 de octubre de 2011
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Una mañana calurosa, húmeda, la presión seguía bajando en Buenos Aires y toda iba a parar a mis pantalones. Caminaba por un prado de manzanillas y su perfume me embriagaba. Bajo un matorral de daturas me puse a resguardo del intenso sol. Lentamente fui sumiéndome en la excitación de mi cuerpo transpirado, el perfume del campo florecido, las narcóticas daturas. Todo mi cuerpo reclamaba atención. Ya sin la remera, mi mano acariciaba mi pecho, mi cuello.
Todo me excitaba, mis fuertes manos apretaban con rudeza mi vientre, como queriendo bajarlo a tierra. Desabroché el cinto y mis manos siguieron bajando perdiéndose en mi pubis, como con cierto recelo, vergüenza, pero fuertes. El sudor caía por mi frente, rodaba por mi mentón y sus gotas estallaban en mi pecho. Diminutas se iban reuniendo para seguir su curso hacia la tierra.

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I'm not the right one

. 4 de octubre de 2011
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Otra vez se cierran las nubes sobre mi. La brillosa mañana resultó ser una refulgente estrella cayendo cerca. La humedad de la primavera sólo sirvió para que los insectos renacieran por unos momentos, la implacable sequía domina mi universo. La sed, esa sed que debe saciarse con otro, esa sed de vida, comienza a secarme la garganta.

No me esperaba tu salida tan pronto. Aunque no es una salida. Es un saber, el saber que no vamos a ganar. Que no va a poder ser. Un saber de que sólo estamos prolongando la agonía. Yo sufro por los dos parece. Simplemente no te pasa nada. Culpa por lastimarme, eso si.

Sos perfecto, suele decirme. Sos todo lo que yo busco en un hombre, dice, sin embargo no te amo. La paso bien con vos pero no siento las mariposas en la panza, dice, las sentí la primera vez que te vi, cruzando la calle, con el pelo húmedo, pero nunca más.

O sea que no soy perfecto, no soy todo lo que buscás en un hombre. You said I'm not the right one. Simplemente no querés lastimarme, me tenés lástima. Me conociste, y mientras yo me enamoraba cada día un poco mas de vos, vos usabas mis mimos como parches. Eso, soy como un parche de nicotina. Una versión controlada, dosificada, de tu vicio. Pero nunca voy a ser tu vicio.

(I'm not the right one...)

Fact

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Fácil viene, fácil se va.

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Meditación III

. 17 de septiembre de 2011
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Casi siempre la felicidad llega cuando uno menos se la espera. Simplemente hay que ir por la vida con la filosofía de aprender siempre, aún de las experiencias mas dolorosas. Nada ocurre sin más. No somos una tabla rasa. Podemos cambiar el universo si lo deseamos de verdad. Siempre camina, no te detengas. Sonríe. Sonríe mas.

(...)

Milano VI

. 25 de agosto de 2011
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Milano, garúa helada, gente triste... pretty much the same. Recorrimos el pintoresco barrio, entramos en algunos edificios para ver los estucados dorados, los hermosos y barrocos halls de entrada, las escaleras, los jardines con sus fuentes... de casi todos nos echaban en cuestión de segundos, pero seguíamos entrando y curioseando. Después de un rato y unas cuantas disculpas a los de seguridad, decidimos ir al museo de Leonardo, todo dedicado a la ciencia. Estaba justo del otro lado de la ciudad.

El museo era una genialidad. Incluso había un enorme submarino de verdad en medio del patio. Jugamos un rato con todas las atracciones interactivas, manejamos un par de robots y nos reímos bastante. Ya cerraba el museo y no nos queríamos ir, estábamos muy divertidos. Además, afuera nos esperaba más garúa helada, y un frío que se hacía notar. Al poco rato todo cambió, ella no estaba bien abrigada y la ropa húmeda la puso aún más incómoda. Nos despedimos después de un café, ella volvía para el centro, yo me iba a un recital.

El recital resultó ser un fiasco total. Lo único bueno eran los lásers. La música en sí era rara, pretendía ser moderna, algo interesante. El sonido era pésimo y la gente aburrida. Me quedé bastante desilusionado, y antes de que terminara me fui a un bar que parecía copado.

Aprendí después que en Milano, nada es copado per se. Si uno no le pone onda, no la esperes de los milaneses. ¡Que noche triste! Volví al hostel, Nacho estaba despierto. Charlamos un buen rato, intercambiamos celulares y nos despedimos. Mañana ya no lo vería. Milán no daba para más.

Esa mañana partí del hostel con mas esperanzas que de costumbre. Desde Milano estaba a un corto trayecto en tren a Voghera, donde los padres de Eze me esperaban para las fiestas. La idea original era estar cuatro días en esta ciudad triste y el mismo 24 viajar para el pueblo. Pero a estas alturas, quedarme en Milán no era una opción. Quería partir a toda costa, para terminar con la mala onda, la falta de sonrisas y ¡empezar a hablar un poco de italiano!

Salí junto a las colombianas, ellas iban a Venecia, era una buena idea viajar con ellas. Pero faltaba un día para la navidad, ¡no me podía alejar al otro lado del país! Cuando llegué a la estación, me despedí de las chicas y desplegué mi mapa de Italia.

Me puse a buscar y chequear los trenes. Un lugar interesante, que quede cercano a mi destino, un lugar distinto, quizá frente al mar... ¿Podría ser? Y en la estación anuncian un tren:

Génova Príncipe.


(...)

sms

. 22 de agosto de 2011
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¿Me podés explicar por qué aún después de tanto tiempo, el sabor de tu piel invade mi boca? ¿Por qué mi cuerpo se estremece ante el recuerdo de tus ojos, tus labios, tu perfume? Tengo tantas ganas de vos, tantas. Ganas de saborearte, de morderte, de enloquecerme. Tantas ganas de que me hagas gemir, perder el aliento, agotarnos juntos. Tantas ganas. Y me mata comparar al resto del universo con vos, siempre pierden...

(y no, no pudo explicar nada)

Milano V

. 17 de agosto de 2011
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En el hostel estaba Nacho, el encargado argentino, las checas se habían ido y en su lugar había unas lindas colombianas. Sólo las vi de pasada, era tarde para ponerse a charlar. Ellas habían estado de shopping todo el día y planeaban seguir al día siguiente.

Escribiendo esto recordé que no había comprado ningún regalo, ni siquiera me había puesto a mirar las tiendas de souvenires. Creo que en muy pocas ocasiones el egoísmo se presentó tan fuerte en mi vida. No pensaba en nadie mas que yo y los que me rodeaban en ese momento. Ni siquiera me compré recuerdos para mi mismo... e incluso, la batería de mi cámara estaba dañada, por lo que me dediqué a "grabar todo en el alma" como mas tarde le conté a una entrañable amiga mexicana.
Estaba fascinado con mi viaje, el real y el otro, el que no puede contarse, ese que simplemente se vive.

Cuando todo el hostel estaba en silencio, los pasajeros estaban todos en su habitación, Nacho y yo nos cruzamos a la pizzería enfrente al hostel, para ver si podíamos cenar algo. A los dos se nos había pasado la cena a mí paseando, a él haciendo renders para un laburo de arquitectura.

La pizzería estaba cerrando, en realidad era una pizzería/kebbab(¿ería?) y el que la atendía nos miró entrar sorprendido. Le pedimos las porciones de kebbab que le quedaban y unas cocas. Se ve que nos vió cara de hambre y nos ofreció llevarnos todo lo que le quedaba por un módico precio. Muy copado el árabe.

Cenamos en el hostel, nos quedamos charlando un buen rato y después cada uno a dormir.

A la mañana siguiente salgo tempranísimo a recorrer. Nevaba. La ciudad estaba de mal humor. Parece que ni los milaneses están acostumbrados al mal tiempo. O quizá sean así todo el año... Decidí ir a la Piazza del Duomo, y desde ahí recorrer. Me encontré con Danielle y fuimos a caminar por el barrio del Brera.

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Vamos al teatro

. 4 de agosto de 2011
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Una Boda Irrepetible
Viernes! - 23.00 hs
Todos los Viernes hasta el 26-08-2011

+info de cada fecha:
El Espión
Sarandí 766
Congreso, Ciudad de Buenos Aires
Buenos Aires
Argentina
Tel: +54 (011) 4943-6516
Mail: espionsala@gmail.com
Web: www.teatro-el-espion.com.ar

Una salida copada y original, para gente de cualquier grupo y factor. Incluye carnaval carioca. Ideal para citas a ciegas. Irrepetible significa único. Podés ir todas las funciones que nunca vas a ver lo mismo. Altamente recomendable. Mencionando este flyer, un beso de regalo. Sin compromiso.

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Hoy

. 26 de julio de 2011
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Un muchacho de unos veintitantos años deliberadamente me tocó el culo en el subte. Lo miré y se hizo el desentendido.

Cuando yo me disponía a bajar, deliberadamente le toqué el culo al muchacho de veintitantos en el subte, cuando lo miré, no se pudo contener la risa.

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Meditación II

. 17 de julio de 2011
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Todos tenemos nuestras prioridades. Las conocemos bien, nosotros mismos las fuimos poniendo en su lugar, las fuimos moviendo, dándoles peso y valor. Cada persona tiene su propia lista de prioridades; y seguramente esa lista es distinta y particular de cada uno. Que todos tengamos distintas prioridades, no es un problema, el problema es cuando las negamos.
Al negarlas, creamos un mundo de fantasía en el cual vivimos engañándonos. Y eso sí es un problema.

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Milano IV

. 15 de julio de 2011
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Esa noche en lugar de ir al hostel, decidí caminar, buscando un parque que Danielle había mencionado antes. No sabíamos el nombre, solamente que se podía patinar sobre hielo y que tenía un puente sobre uno de sus costados desde el que se podía ver todo el parque.

Caminé por el barrio del Brera, la parte mas señorial y bella de Milano, perdiéndome de a ratos, encontrándome con lugares que me estaban esperando, un lindo bar donde tomar un café con sfogliatella, la casa de Napoleón... Sin quererlo, encontré el parque, era enorme, y para mi sorpresa, estaba cerrado con rejas. Casi todas las luces estaban apagadas, sólo había algunos caminos iluminados. Supuse que si había caminos iluminados, alguna puerta tenía que estar abierta, así que caminé bordeándolo y después de unos minutos encontré una hermosa puerta de rejas forjadas, abierta de par en par.

Me interné en el parque despacio, cuidando de no resbalar en ese gélido barro que cubría todo. Caminé siguiendo las luces hasta que empecé a escuchar música. Música de circo. Dejé las luces y me puse a seguir la música, entre la oscuridad y el barro del parque. Los árboles no podían protegerme de la llovizna helada, así que nunca pensé en detenerme. Por detrás de unos arbustos aparecieron luces y definitivamente la música provenía detrás de ellos. Había una carpa, una pista de hielo bastante más pequeña de lo que hubiera imaginado y casi ni un alma. Estaban todos guarecidos de la lluvia, me miraban extrañados y yo sólo podía sonreír. Era una imagen bastante extraña, la música, las luces, la carpa... y sólo unos pocos dando vueltas. De hecho luego de un rato me di cuenta que yo era el único visitante. Había un par de juegos, de esos de kermés, dónde hay que pegarle con un aro a la botella y cosas así. Me sonreí, no esperaba encontrarme con algo de este estilo por acá.

Caminé alrededor del pequeño circo, como decidí nombrarlo, y me fui alejando un poco. Detrás de unos árboles pude ver el puente. Seguí el camino hasta él y una vez arriba me dispuse a disfrutar de la vista. Empezaron a apagar las luces de los caminos, podía verlo desde el puente, decidí que también para mí era hora de volver. Paseé un rato más por las calles del Brera, acercándome al centro. Desde ahí me tomé un trole hasta Cinque Giornate. Otra vez se me había pasado la hora de cenar.

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Meditación

. 11 de julio de 2011
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Y así de repente lo dijo en voz alta... "creo que el camino de la vida se vive dejando huellas en la arena. Y no me refiero a empecinarse en hacer grandes huellas, el viento las desmoronará enseguida. Tampoco a correr en la arena para dejar un mayor número de ellas, dado que el final nos encontrará más rápido, y lo sutil de nuestras huellas será borrado con una suave brisa. Me refiero a caminar firme; que cada huella dure lo que tenga que durar, y que el destino nos alcance en el momento apropiado. "

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Milano III

. 30 de junio de 2011
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Desde la plaza del Duomo salen calles importantes, como la Vía Dante. Antes de alejarme del Duomo, di un paseo por la feria de navidad que estaba armada sobre la vía Mercanti, atiborrada de gente y negocios de todo tipo. Curioseé entre los puestos de la feria y traté de entablar diálogo con algunos comerciantes pero me fue imposible. Estaban todos preocupados por vender.

Una vez que me alejé del mercado, entré a Vía Dante. La llovizna seguía empapando la ciudad, fría. Empecé a caminar disfrutando cada paso, a pesar del esfuerzo que hacía el clima para evitarlo. Varias cuadras por delante, estaba el Castillo Sforza, impecable, increíble. Íntegro. Pasear por sus jardines, por entre los anchísimos muros de ladrillo y piedra, es una experiencia que voy a recordar por siempre. Subir las escaleras, visitar las salas, mirar por las ventanas de lo que alguna vez fue. Estar parado donde Leonardo dejaba volar su imaginación... Parecía que los Sforza y Leonardo se habían ido hacía solo hace un par de años. Las paredes, los muebles, los vidrios y las puertas todavía resonaban con sus nombres.

En una de las salas, conocí a Danielle, yanqui, viviendo y estudiando en Tel Aviv, de paseo en Italia por 4 meses. Bella muchacha, de rulos oscuros y sonrisa extraña, de esas que pueden decir cosas opuestas al mismo tiempo. Comenzamso a charlar, tratando de encontrar la sala con los instrumentos musicales, que casualmente estaba en mantenimiento. Decidimos seguir recorriendo juntos el castillo y una vez que vimos todas las salas, salimos a pasear por el parque nevado.

Los caminos resbalosos de los jardines del castillo nos permitieron dejarnos llevar en charlas amenas. Mientras reíamos de nuestras torpezas y nos sosteníamos entre nosotros para no caer indecorosamente. Cada vez nos acercábamos mas el uno al otro. Contínuamente parábamos el paseo para poder observar a nuestro alrededor los paisajes. En un momento, nos detuvimos frente a un antiguo puente, que unía ambas orillas de un estanque, donde nadaban valientes patos. Nos sacamos unas fotos. Una bruma helada empezaba a subir por nuestras rodillas y decidimos acelerar la marcha.

Caminamos hasta la parte mas alejada del parque donde un gran arco recordaba el final de una histórica batalla. Nos dimos cuenta que era tarde, el cielo hacía rato que era netamente negro. Apurando el paso, volvimos al castillo por el camino mas rápido. Nos sacamos una última foto y nos despedimos con un beso, con la promesa de encontrarnos al día siguiente para seguir conociendo Milano.

(...)

Delirio

. 23 de junio de 2011
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Todavía me quedaban ganas de pelear. Ella había dejado la habitación sin dar indicios de revancha. En mi cerebro una señal me advertía de no continuar con la pelea, ella estaba enojada de verdad. Pero ciertamente a mi me importaba muy poco cualquier advertencia, me había dejado con la palabra en la boca y yo tenía bastante que decir. ¿Pensaba acaso que un par de verdades eran suficientes para dejarme tranquilo? Sí, había engordado unos kilos; si, se me cayó el pelo; y si, hacía rato que no me compraba ropa, pero ¿qué tiene que ver eso con el hecho de que hace un mes que no hacemos el amor? ¿con el hecho de que la vi sonriendo con ese tipo en la vereda?

Me encaminé hacia el living, donde ella miraba por la ventana, en clara señal de distanciamiento. Volví con los mismos argumentos, sin demasiadas innovaciones para exponerlos, ella lloraba. Traté de calmarme y le dije cuánto sentía haberla puesto así. Ella lloraba, gritando me insultó y gritando me dijo que me fuera de la casa. Alejáte, calláte, dejála... -decía mi cerebro. Cada vez mas cerca me llevaban mis pies, cada vez mas palabras cruzaban por mi boca, cada vez mas fuerte apretaba su brazo.

Su cara horrorizada, enrojecida, tendría que haber sido el detonante máximo de una serie de mensajes para que mi arrojo de ira terminara. Pero los mensajes nunca llegaron a surtir efecto.

Lo primero que recuerdo después de eso es mi mano ensangrentada, su cara irreconocible y un dolor terrible de cabeza.

(...)

Fact

. 6 de mayo de 2011
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¿Por qué una noche de jazz puede hacerte olvidar de lo mucho que sufrís y automáticamente darte la tranquilidad para encontrar el camino a la cura?

No lo sé, pero, bienvenida sea la sabiduría.

Lo que queda es encontrar un club de jazz cercano.


(...)

Milano II

. 1 de mayo de 2011
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Dos checas hermosas. Una cumplía con todos mis preconceptos del fenotipo checo: rubia, de tez clara y ojos celestes, con sonrisa amplia de cachetes rosados. La otra, morocha, mucho mas alta y flaca y sin los cachetes rosados.

Con la rubia hablaba inglés y con la morocha hablábamos en italiano. en pocos minutos pegamos onda con la rubia y nos pusimos a charlar simpáticamente. Pero la morocha puso una cara y entonces pasó lo que todos sabíamos que iba a pasar en una situación así, ellas se aprovecharon de su ventaja numérico-lingüística. Mis comunicaciones eran traducidas en ambos idiomas, pero entre ellas, hablaban en checo y yo no entendía ni media palabra.

Llegó un momento en el que yo no podía soportar tal maltrato y decidí dejarlas solas en su humorada. Seguramente había mucha gente copada por conocer en Milano, y ellas estarían nuevamente en el hostel. El conserje de la mañana, resultó ser argentino. Estaba pendiente de mi comentario acerca de las checas, pero lo tuve que decepcionar sin anestesia. Un pibe copado y simpático, fachero. Estudia arquitectura y diseño en Milán, en un intercambio con la FADU. Pobre de los milaneses que vayan a Buenos Aires, pienso.

En el lobby había tres jóvenes chinas que no paraban de cuchichear vaya a saber uno que cosa. Después de lo que pudimos interpretar como una discusión, una de ellas se quedó charlando amigablemente con nosotros. Les habían robado en la estación de trenes. Tenían que reducir su estadía y discutían la manera de ahorrar. Incluso planeaban viajar gratis en el Intercity. De repente me parecieron bastante argentinas...

Luego de un breve rato, saludo cortésmente y me voy caminando. Ya desde temprano, nevaba. A medida que se sucedían las horas, la nieve se fue transformando, cada vez más fina hasta llegar a esa molesta y fría garúa, tan típica en Buenos Aires. La nieve de las veredas se comenzó a derretir, y el peligro de resbalar era importante.
La gente en Milán me sorprendió, y no fue una grata sorpresa. De repente me sentía en medio de una pasarela, todos vestidos con marcas caras, hablando todos al mismo tiempo por celular sin manos, una locura. Incluso caminaban como en una pasarela. Vista al frente, paso firme y desinteresado. Bastánte incómodo.

Intenté no prestar ateción a la situación y me dediqué a ver los edificios. Otra decepción. La mayoría de la arquitectura era moderna, edificios cuadrados y sin esas fachadas típicamente europeas. Con ese humor cabizbajo, llego a la plaza del Duomo. Imponente. Imponente el Duomo e imponente la galería Vittorio Emannuelle.

Varias veces resbalé y estuve a punto de irme con toda mi humanidad al piso, las baldosas (¿de mármol?) eran demasiado resbalosas. No voy a detenerme en describir las maravillas arquitectónicas y esculturales del duomo, ni de la galería del Novecento... simplemente decir que son únicas e imperdibles.

Luego de varios intentos de establecer diálogos con gente local, que decía no entender mi italiano, llegué a la siguiente conclusión: Si querés reconocer a un forastero en Milán, sonreí; si te responde la sonrisa, no es milanés.

(...)


Acá había un post: Milano II

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Dále Blogger, borráme mi segundo día en Milán. Si total, tipearlo todo de nuevo no me molesta para nada...

(...)

Milano

. 28 de abril de 2011
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Cuando me quedé solo en Piacenza, aproveché para recorrer gran parte de sus numerosas iglesias, sus plazas y embeberme en esas callecitas de piedra, con olor a hollín y a tabaco. Caminé todo el día con la sonrisa que me remontaba cual barrilete. Los copos de nieve de la tarde caían alegremente, despacio, como bailando. En el bar, un rato antes de partir a la estación de trenes, calor de leña, un poco de música como compañía, algo para comer y prosecco para unir. Felicidad.

El tren partió puntualmente, creo que no quedaban asientos disponibles. Me acomodo y en unos momentos me encontraba descubriendo el camino nuevamente. Dejaba atrás lo único que conocía de Italia, una ciudad acogedora y tranquila, para acercarme a una ciudad enorme, cosmopolita y bulliciosa. ¿Será acertado el cambio? Claro que sí, esa era mi decisión.

Milano asomaba de entre los edificios, canchas cubiertas con unas lonas extrañas y un poco de humo de fábricas. Las primeras estaciones, no eran buenos augurios, un poco de descuido, graffitis, nada que una estación del Sarmiento en Baires no pudiera ofrecer... Me sorprende un poco, incluso me hace dudar.

La estación central es otra historia. Enorme. Mármoles y escaleras infinitas. Un árbol de navidad que se elevaba nosécuantos metros, lleno de luces. Y gente, mucha gente. Crucé la terminal y pregunté por un tranvía que me dejaba en Porta Vittoria, había reservado vía web en un hostel justo del otro lado de la ciudad. A mi arribo me encuentro con que el lugar estaba completamente cerrado, y a diferencia del resto de Milano, casi no había movimiento de gente. Busqué un teléfono público y llamé. Nadie contesta. Sentí un poco de temor, pero decidí que caminando hacia el centro iba a encontrar algún otro hostel que me alojara...

Ciertamente el nombre Diablo no era muy atrayente y que el cartelito fuera casi imperceptible, sumaba a mi escepticismo. Pero ya era tarde, seguía nevando y tenía que descansar un poco. Pensé que no tenía sentido ser prejuicioso y toqué timbre.
No me había percatado de lo difícil que me resultaba establecer un diálogo coherente sin la ayuda de mis manos. Por suerte el encargado se apiadó de mi y me dejó pasar, aún con nuestra escasa comunicación. Ya en el lobby nos comunicamos mejor, Davide, italiano, era el encargado esa noche.

Tenía sueño, la habitación era cómoda y cálida. Cené algo en una piadinería cercana al hostel y para la medianoche ya estaba preparándome para dormir cuando dos hermosas checas cruzaron el umbral de la habitación. Simpáticamente nos saludamos y mis ratones empezaron a cruzar por los aires cuando deciden compartir una cama de dos plazas.

Verlas dormir haciendo cucharita, eso sí que era un espectáculo. Por suerte, una de ellas pensaba que yo era lindo. ¡Que linda forma de comenzar la segunda semana!



(...)



Ignórame

. 19 de abril de 2011
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Pasa por alto todas las veces que amaneciste con mi sonrisa,
borra de tu agenda las fechas que me diste y las que yo mismo he creado,
desdátame.

Arránca de raíz los recuerdos de bonitos momentos,
inúndalos de agravios y comentarios hirientes,
desanímame.

Cuéntame mi historia con mentiras e incongruencias,
narra momentos inciertos y acúsame de tus equívocos,
falsifícame.

Desánda tus pasos y oblígame a caminar sin tu compañia,
agrede mis acercamientos e insúltame también cuando me alejo,
abandóname.

O simplemente ignórame,
deja que vuele lejos de tu mirada,
aún cuando la necesite.

(...)

Cumpleaños feliz

. 9 de abril de 2011
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Bien, amanece.

Hace un tiempo que las cosas tienen otro color y destellos de esperanza.
Las cosas, ¿o yo?

Quizá es tiempo de reconocer que hice cambios que han trascendido en el tiempo, en mi tiempo, claro. No sólo arrugas y canas...

He tenido algunos golpes, algunas caídas... experiencias buenas y malas, pero que han dejado enseñanzas, abierto puertas, personas y me han permitido conocer y conocerme.

Felicidades, eso mismo.



La luz de la mañana trae colores nuevos,
las nubes bajas se escurren entre los cerros verdes de las yungas.
Las brisas y los arroyos cantan todos los nombres,
bajan trayendo experiencias y esperanzas.
Las hojas caen y flotan en ellos,
son barcos que parten en busca de nuevos puertos.

Las esperanzas puestas en el horizonte,
la mochila liviana, pero bien equipada.
Zapatos cómodos y las ganas de seguir adelante,
seguir viviendo este hermoso viaje.

Estrellas, lunas y corazones esperan por todos partes,
al encuentro fortuito de nuestro destino.
Las sonrisas están a flor de piel,
las ganas y la emoción siempre disponibles.
Cantando voy sonriendo,
sonriendo voy caminando.

Un año mas, un regalo.






(...)



Dia 2

. 23 de marzo de 2011
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8 de la mañana. "Vamos Kai, arriba, que no llegamos."

Y desde ese momento, y hasta que Ezequiel, Valentina y yo, nos sentamos en el bar a fumar a las 11 de la noche del sábado después del casamiento, no paramos nunca.

Nos divertimos mucho, corrimos y solucionamos. También bebimos y comimos rico. Charlamos y vivimos como si no hubiera pasado mas que unas semanas desde la última vez que nos vimos. Y como si conociera a Valentina desde hacía años. Valentina, es una de esas personas especiales, de esas que amás al instante de conocer. El poco tiempo que tengo de verlos juntos, es verlos felices y unidos.

Los dos están a mil por los preparativos. Intento molestar lo menos posible y ayudar lo mas que puedo. Piacenza es bella, se ve desde el auto... je, no paramos, salvo que sea necesario.

También conocí a los amigos de Eze, cenamos todos juntos en la casa de Beppe y Toppina. Unos genios. Por la tarde de mi primer día en Italia, me di cuenta que estaba nervioso por conocerlos, estaba nervioso por este encuentro. Tenía miedo de no caerles bien a los que bancaron a Eze todo este tiempo lejos de casa, en realidad hasta que Piacenza se convirtiera en su casa.

Ese miércoles, antes de la cena, conozco a Eugenio, el calabrés de ese grupo de amigos. Se nos une en la búsqueda de unas lámparas para el nuevo departamento. Charlamos sin parar, muy amigablemente. Aunque no le gustó que mi familia fuera de Salerno, me invitó a parar en su casa a mi vuelta de Sicilia. A menos de dos horas de conocerlo. Este tipo es genial.

Nevaba intensamente, de a poco la ciudad se iba cubriendo de esos copos blancos, cuando la noche cayó, cerca de las 4 de la tarde, hacía mucho frío y ya no pude pensar en ponerme nervioso por el encuentro. Los anfitriones nos prepararon una cena de lujo. Fiambres, quesos, panes tradicionales acompañados con vinos espectaculares. Después tartas y pizza. La cena transcurría genial, yo escuchaba mas de lo que intervenía, me era un poco complicado entenderlos hablando tan rápido y al mismo tiempo, pero me desenvolví bastante bien.

Cuando yo creía que la cena estaba terminando, aparece Toppina con una enorme fuente de lasagna. Mi cara de sorpresa fue importante. Pero esa lasagna tenía muy buena pinta y yo, yo no podía despreciar el esfuerzo.

En el comedor, no pararon las risas y los chistes. El segundo día, día de amigos.








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Bosquecito de Bambúes

. 6 de marzo de 2011
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Bót. Colección de especies bambusoides. Se encuentra en el Jardín Botánico de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires.
Arg.;fam. (nostalgia): Dícese del lugar en el que se llueve cada vez que la congoja me alcanza.


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. 24 de febrero de 2011
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El viaje hasta Piacenza parecía no tener fin. Los últimos kilómetros, hundidos en la noche oscura, rodeados de esa neblina fría y con los vidrios del tren escarchados, semejaban esas historias de ciencia ficción en las que los personajes quedan atrapados en un vórtice por unos segundos que para ellos parecen semanas enteras.

Las estaciones seguían ocurriendo, los pasajeros seguían bajando y yo, esperaba. Estaba muy agotado como para poder seguir dialogando en otro idioma, ni siquiera hubiera podido hablar en español, por lo que mis comunicaciones con la agradable pareja de calabreses eran esporádicas, cordiales, pero esporádicas.

Piacenza. Mis compañeros de camarote me confirman que es la próxima estación. Impaciente y ansioso, comienzo a abrigarme y bajo mi valija. Los saludo afectuosamente, deseándoles un buen viaje y me despido. Las ruedas de mi valija se habían roto en el aeropuerto de Roma. Simplemente la arrastro por todo el vagón. No tenía fuerzas para cargarla.

Al bajar del tren, siento el frío del aire golpear contra mi ser. El andén solitario, oscuro y sin los lujos de Roma, me desorienta. Hacia ambos lados busco a mi amigo, pero como era de esperarse, no estaba. Había quedado en llamar a Ezequiel desde Roma, antes de subir al tren, pero cada vez que lo intenté se encontraba ocupado. Mi plan era llamarlo desde la estación de Piacenza, y de no ser posible comunicarme, conseguirme algún medio de transporte hasta su departamento.

Ubico la salida y camino hacia ella, cuando de repente, y como ocurre en las novelas mas cliché que recuerdo, se deslizan las puertas lentamente y en cámara aún mas lenta, aparece Ezequiel con una sonrisa de oreja a oreja. Felices.

A los cinco minutos de saludos y abrazos, me dice que había encontrado llamadas perdidas en el célu; y asumiendo que la última había sido justo antes de subir al tren en Roma, estimó que estaría llegando en ese momento. Científicos, cómo no quererlos.

Cenamos pizza, organizamos la jornada siguiente y charlamos hasta que nos ganó el sueño.

Faltan 4 días.

Mi amigo se casa el sábado.


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Día 1

. 10 de febrero de 2011
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El viaje ha concluído. Hace unos días he vuelto a la Buenos Aires que me había visto partir sabiendo que regresaría. Intentaré volcar mi diario resumido sin ser aburrido pero, ciertamente, será sólo un intento.





Primero, el vuelo merece unas menciones especiales. Viajábamos un día 13, a las 13:30 horas y con 13 minutos de demora, despegó el avión. Y yo, acomodado en el asiento 13C. Muy loco. Éramos poco mas de 60 personas en un Airbus enorme. Supongo que las supersticiones son mas fuertes de lo que uno puede imaginarse. Prácticamente un tercio de la capacidad del avión, todos pudimos acostarnos en varios asientos e intentar dormir mas cómodos, y jamás hubo que esperar para el baño. Un desperdicio de espacio y gas-oil.

Era mi primera vez en un avión. De por sí, 13 horas de vuelo son mas que un bautismo (si, 13). Y vivenciar una tormenta sobre el océano Atlántico, no parece ser lo mas aconsejable para esos momentos. Si bien la sensación era como estar viajando en el 247 por Av. Pasco, no es lo mismo estar mas cerca de la estratósfera que del suelo.

La llegada a Madrid es con miedo. A pesar de tener todos los papeles al día y cumplir con todos los requisitos (chequeados varias veces), uno tiene miedo. ¿Infundado? No lo sé.
La palpación policial fue exhaustiva. Excesiva. En algún momento se me escapó un muy sutil: "como mínimo, un mimo en la oreja..." No sé si lo escuchó, pero me miró y me dijo: "ánda". Y me fuí, acelerando el paso, por las dudas.
Cruzando toda la enormidad de la terminal de Barajas, estaba la puerta del segundo avión de mi primer jornada como extranjero.

Desde el momento en que el capitán aseguró que estábamos sobrevolando suelo Italiano, me emocioné. Podía mirar por la ventanilla, a nuestra izquierda, la costa italiana. ¿Mencioné que en este vuelo también me tocó el asiento 13?

Roma. No se distinguía muy especial desde el cielo, aunque se distinguía. Fantaseaba con poder ver el Coliseo desde el aire, pero no. Aterrizar no es tan movilizante como despegar, es mas, no me pareció siquiera divertido. Pero lo hacemos correctamente. Descendemos con tranquilidad, con un nivel de desorden aceptable. Consigo mi valija sin problemas, y algunas sonrisas después y sin consultar a nadie encuentro el tren que va desde el aeropuerto hasta el centro.

Llegado a Roma Termini, surge la idea de dar una vuelta aún con la valija y procedo a abortarla cuando escucho policías, bomberos y veo correr manifestantes con banderas rojas. Si, parecía Buenos Aires. ¿Me habré equivocado de vuelo en Barajas? ¿Me deportaron y no me enteré? No, una protesta contra Berlusconi; después me enteraré con mas detalle de los desmanes. En fin, de regreso a la estación y a sacar pasaje a Piacenza.

Encontré el andén y el tren en la bastante grande estación de Roma e incluso pude comer algo. Sólo tenía que esperar la partida. Mi desempeño antes del viaje fue todo un suceso. Ya, el primer día y me asombra lo bien que me ubico y me manejo por un país completamente extraño. Soy bastante ególatra, claro. Pero por lo menos no tengo ataques de grandeza. Me contento con no perder el tren en mi primer día y almorzar un panini. Genial, mi gran ego es humilde.

Viajar en camarote es mucho mas divertido de lo que parece. Piacenza queda unas ciudades antes de Milano, por lo que el viaje asegura ser largo. Los 3 bebés que viajaron desde Buenos Aires se habían turnado estratégicamente para poder molestar exactamente todo el vuelo. Por lo cual, en algún momento después de las 3 de la tarde, me libré a mi necesidad de dormir.

Me desperté de un sobresalto. Que anochezca a las 5 de la tarde, no ayudó para ubicarme en el espacio-tiempo italiano y mucho menos a bordo de un tren. La pareja de calabreses que oficiaban de mis compañeros de viaje, supieron decirme nuestra ubicación y el horario. La charla no se hizo esperar, no todos los días se viaja con un argentino (¿somos tan pintorescos?). Luego de las preguntas, que mas tarde serían repetidas por todos los italianos a los que me presentara, comenzó un diálogo ameno aunque algo entrecortado por situaciones propias del viaje.

Eran periodistas, o al menos él lo era. Ella, su mujer, era editora. Jubilados ambos, viajaban a Milano a cumplir con algunos trámites legales. Aunque también médicos. Me cuesta seguirlos cuando hablan, lo hacen muy rápido. Así y todo, se les nota que hacen un esfuerzo para hablarme claro y pausado, comparando cuando hablaban entre ellos. Momentos en los que me parecían que hablaban un idioma completamente distinto.

Entrado el horario del tercer almuerzo (mi estómago tampoco colaboraba con la ubicación gastrónomo-temporal) la mujer, me ofrece unas bombas de papa, envueltas en masa de pan y rellenas con carne y queso. A pesar de que mi estómago crujía desesperado y mis glándulas salivales no paraban de dar señales de vida, rechacé la gentil oferta, claramente esperando que la señora insistiera. Cosa que nunca hizo.

Ya no podía siquiera pensar en dormir. Lo único que podía hacer era relajarme y esperar. Piacenza estaba mas cerca.

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Sin palabras 2011

. 11 de enero de 2011
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Estoy en Italia hace un mes.

Hoy, en Roma.


Esta sì que es una historia espectacular.

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