Te vi, sudabas, arrastrando con algo de odio un perro, de esos chiquitos que entran fácilmente en un bolso, bueno, no tan chico.
No pensé que fuera tuyo. Pero me molestó como lo tratabas. Lo insultabas.
Me gustaste.
Estacioné, y me acerqué a tu lado. Te saludé y te pregunté si te dabas cuenta que estabas maltratando al pobre perro.
Me dijiste con una voz fuerte y sensual, que era un perro jodido, y que nunca te quiso. Que te rompía las zapatillas, que te ladraba cuando llegabas y cuando te ibas. Que te orinaba las cortinas y cualquier cosa tuya (y sólo tuya) que dejaras en el suelo.
Me reí sutil y pícaramente de tus desgracias con el pequeño can.
Me incliné y acaricié al pequeño neurótico. Con palabras dulces le acaricié el lomo y entre las orejas. Él sólo movía la cola complacido.
Entonces vi mi oportunidad. Y te dije tramposamente que el pobre perro te quería demasiado, que por eso te celaba todo el tiempo.
Te reíste. Y cuando viste que yo no me reía ni me retractaba, te percataste que no era un chiste.
Te propuse demostrártelo. Dije que él te va a proteger si alguien te quiere lastimar; pero no quiero lastimarte para demostrarte que estoy en lo cierto. Para que veas que te quiere, insistí, te puedo hacer unas caricias, y si él reacciona y me muerde, te vas a dar cuenta que es de celoso que te molesta tanto.
Asentiste, casi hipnóticamente, instantáneamente.
Acerqué mi mano a tu cara lentamente. Acaricié tus pómulos con las yemas de mis dedos. Acaricié tus labios, tus orejas, tu cuello.
El perro nada. Se quedó sentado, pétreo.
Quizá esto no lo perturba, en definitiva es una caricia inocente- dije suavemente. Si me dejaras seguir, seguramente reaccionaría y me mordería- susurré luego, casi acariciando tu oreja con mis labios.
No emitiste ninguna palabra.
Tiernamente mis labios acariciaron los tuyos, sentías mi respiración sobre ellos y yo sentí que no respirabas. Me acerqué un poco mas y te besé con pasión. No te lo esperabas, pero no desististe a mi beso. Tomé tus caderas con firmeza y te aprisioné junto a mi. Con una de mis manos acariciaba tu cuello, con la otra, tu cintura.
Sentí un fulgor saliendo de tu cuerpo. Y tu perfume invadía todo mi ser.
El perro ladró. Pero no te detuviste. Ahora eras vos quién me tomaba por la cintura y el cuello, casi fundiéndonos.
Sentimos un tirón de la correa, y el perro saltaba contento. Caminamos un par de cuadras siguiéndolo, hasta que llegamos a la plaza.
Nos sentamos en un banco mientras el perro correteaba feliz a nuestro alrededor.
Nunca más te quejaste de que te mordiera las zapatillas.
El perro
Etiquetas: adolescente, comedia, deseo, primera vez, sensual, sorpresaDesfalco
Etiquetas: adolescente, comedia, llantos, sorpresa, víctima...
Ahora resulta que yo no dije nada. El que había hablado era ese. Ese inverbe que no supo, no pudo tomar una desición pensando en mi.
Pero claro, que le importaba a él, si su tiempo se terminaba.
Ahora estamos acá sentados los dos, el mocoso y yo. Uno con las manos sucias, el otro con el corazón roto.
La víctima ahora es victimario, me sienta en el banquillo de los acusados. Y yo me descargo, me defiendo.
...
(Llantos)
...
La doctora dice que va a ser una operación difícil, larga y complicada, como viene siendo hasta ahora, pero que esta vez, por fin puede tener un final.
...
El hada madrina no puede hacer nada, sus magias no funcionan. ¡Malditos gnomos! Me han robado tanto, ahora le roban a ella su varita.
....
Mi otra mejilla ya está abofeteada, es hora de resolver las cosas, arrancar de raíz las malezas, y dejar sobre la mesa sólo los frutos que se puedan digerir.
...
Me pongo la barba y las botas de cuero de potro, mascando rapé salgo a resolver las cosas, a los golpes y con riesgo de salir herido de muerte. Me acerco con mi facón oxidado,
...
...
(Sangre)
...
(Me caí)
Mi querido agente 003
Etiquetas: comedia, sorpresa, volkswagen 1500Lo que les voy a contar, a algunos les va a tomar de sorpresa, otros ya lo saben. Lo amo.
Hace bastante tiempo que está conmigo. Ya casi ni lo oculto. A veces me avergüenza, pero igual seguimos juntos.
Él nunca me lo dice, pero yo sí. Lo quiero. Lo mimo y cuando me deja, lo cuido. Últimamente lo tengo algo abandonado. Pero creo que es él el que me aleja.
A veces me maltrata, me pega patadas y hasta en una oportunidad me mandó al hospital.
No me dijo nada, ni perdón, ni nada. Yo no le exigí nada. Sé que lo que hizo, lo hizo sin pensar. Si pensara no me lastimaría, Aunque no me lo diga yo sé que me quiere.
Él es bueno. Hasta mi viejo lo quiere. Lo acepta como es. No sé si sabe cuánto lo quiero y lo que nos une. Supongo que si no se dio cuenta, es porque no quiere verlo.
Pero algo está mal entre nosotros. Él ya no es el mismo que era. Está cambiado. Yo también cambié.
Es unos años menor que yo. Pero a veces me parece viejo. En realidad, tiene mucha vitalidad, alegría y lo que mejor le sale es la comedia, y especialmente de humor negro. Bah, es lo que a mí más me gusta de él.
Algunas veces me metió en líos con su raro humor. Una vuelta estábamos Ana y yo con él. Íbamos por una calle en la que la gente hace deportes y se puso a gritarle a una señora, que por más ridícula que se viera con lo que tenía puesto y los movimientos que estaba haciendo, no se merecía semejante exposición y falta de respeto. Tuve que pararlo. Aunque después con Ana nos reímos de la situación, él se quedó callado el resto del viaje.
Ya casi no hablamos. Yo le hablo, le canto, a veces lo hago excesivamente mal adrede, para provocar en él alguna reacción... pero nada. Siempre en silencio.
Compartimos todo juntos. Pero no me habla. Yo lo penetro con ternura y no dice nada, con fuerza y no dice nada. Le pego y no reacciona. Sólo cuando lo piso dice algo, capaz le molesta o le gusta... aún no lo tengo en claro. Pero reacciona. No sé que será... quizá algún un trauma de la infancia.
Ahora me voy de vacaciones una semana solo. De mil y un formas me hizo saber que no quería venir conmigo. Pero nunca me lo dijo explícitamente. Hoy lo entendí. Mañana saco mi pasaje. Él se queda porque así lo quiere.
Una amiga me dijo hoy (ayer) que pensara en ella. Pero le mentí. Pienso en él y voy a pensar en él. En su calidez, en su ser tosco y duro, aunque ágil de movimientos. Es mugroso, siempre sucio. Me gusta bañarlo, sé que él lo disfruta también. Después lo penetro distinto, con otro sentimiento. Pero él es el mismo. Silencio, sólo hace ruidos guturales. No me habla.
Voy a pensar en él bastante en estos días. Mi hermana sabe algo y me dio una semana y media de tiempo para que le pague su silencio. No quiero afrontar nada aún, no es el momento. Y no quiero abandonarlo. Pero quizá sea lo mejor. No lo sé aún. Y no sé que voy a hacer. Si pagar y dejar todo oculto, o hacerme de coraje y decir lo que realmente siento. Capaz que no vale la pena. Capaz que nos quedan pocos días juntos.
Lo quiero aunque no me hable, aunque no me escuche, aunque me abandone, aunque me tire en cualquier parte. Lo quiero y mañana también se lo voy a decir.
