>cuando no tenemos tiempo para escribir, es porque tenemos las manos ocupadas con otras pasiones<
Los brazos
Lluvia. Agua fría y pesada.
Toneladas de agua fría y pesada caían sobre la cabeza de Amir. Él, parado en la
avenida más ancha que había visto jamás, con fuerzas sólo para soportar el
embate de las nubes en el cielo. La fuerza de la naturaleza sobre su cabeza,
toda. Nada había podido hacer contras las otras fuerzas, la del hombre y la del
destino. Los ladrones le habían dejado unas monedas en el bolsillo de su
pantalón y un pañuelo bordado que le había dado la madre justo antes de subir
al avión. Había planeado su viaje por meses, casi un año. Ahorró
casi todo su sueldo como programador en la agencia de telemarketers, gastando
lo mínimo que su madre necesitaba para comprar comida. Su prima le había
regalado la ropa y zapatos, no lo tradicional, para no llamar la atención. Él se cortó el
pelo y se compró un perfume nuevo, occidental, de esos que tenían personajes de
cine en sus cajas plateadas. Había cambiado el resto de sus ahorros en el
mercado de su pueblo, cerca del Ganges. Y ahora en un país que no conocía, con
una lengua que lo abrumaba con sus sonidos extraños, sentía desfallecer su
corazón. Sus lágrimas no se distinguían de la lluvia, pero estaban. Un
relámpago lo asustó. En su tierra no había estas tormentas, ni siquiera cuando
azotaban los monzones. Allá era todo viento y agua, acá además había interminables relámpagos
y truenos, truenos fuertes como si fueran a explotarle en la cabeza.
(...)
Mayo fue esto
Yo a ti te cielo, todo el cielo.
Café de la mañana, con espuma y olor a vida nueva.
Mi espera furtiva, mi escala panzada.
Yo a ti te cielo, cielo con sol y nubes blancas.
Vaso de jugo fresco, con pulpa y semillas.
Mi paseo lento, mi caminata golosa.
Yo a ti te cielo, cielo fuerte azul celeste.
Porción de medialunas, bocado, mordida.
Mi llegada tarde, mi canción pegada.
Yo a ti te cielo, cielo negro oscuro.
Coctail de manzanas rojas, con aromas y fantasía.
Mi abrigo raído, mi mano apretada en otra.
Yo a ti te cielo, cielo azul profundo con estrellas.
Sueños rojos y fucsias, fotos en Instagram.
Mi sonrisa acostada, mi mirada intensa.
Yo a ti te cielo, todo el cielo.
Café de la mañana, con espuma y olor a vida nueva.
Mi espera furtiva, mi escala panzada.
Yo a ti te cielo, cielo con sol y nubes blancas.
Vaso de jugo fresco, con pulpa y semillas.
Mi paseo lento, mi caminata golosa.
Yo a ti te cielo, cielo fuerte azul celeste.
Porción de medialunas, bocado, mordida.
Mi llegada tarde, mi canción pegada.
Yo a ti te cielo, cielo negro oscuro.
Coctail de manzanas rojas, con aromas y fantasía.
Mi abrigo raído, mi mano apretada en otra.
Yo a ti te cielo, cielo azul profundo con estrellas.
Sueños rojos y fucsias, fotos en Instagram.
Mi sonrisa acostada, mi mirada intensa.
Yo a ti te cielo, todo el cielo.
(...)
Melancolía no es tristeza
Etiquetas: adolescente, ayudar, depresión, deseo, melancolía, salir, soñar, tristezaWild horses - Rolling Stones
Tenemos derecho a estar tristes, tenemos derecho a caer, a rompernos, a desarmarnos, a llorar por semanas. Tenemos derecho y la necesidad de hacerlo, de abrazarnos a su almohada, a mirar fotos viejas. Tenemos derecho a estar a oscuras. Tenemos derecho a mostrarnos felices por fuera y vacíos por dentro. Tenemos derecho a salir a trabajar o a sociabilizar sin mostrarnos con dolor, volver a casa y llorar hasta dormirnos.
Pero también tenemos derecho a un día, así sin más, superarlo todo o en partes, pero que ya no nos pese. Tenemos derecho a vernos felices, a caminar bajo el sol una tarde de sábado. A esperar el colectivo cantando nuestra canción favorita, a tomar helados con chispas de chocolate, a reír hasta que nos duela la panza. Tenemos derecho a salir a flote y volver al camino de la felicidad.
Y ese paso, ese amanecer nuestro, tenemos derecho a dejarlo llegar sin presión, sin fuerza, sin pensarlo, o pidiendo ayuda si nos es muy pesado.
Lo que no tenemos derecho es a hacernos doler sin más sentido que ahogarnos y dejarnos morir desde adentro. Es nuestra obligación prender aunque sea una pequeña luz, aunque sea unos minutos al día. Lo que podamos. Sabernos vivos y fuertes, auqnue sea esos minutos, saber que quizá mañana nos duela algo muy fuerte, pero que pasado podremos sonreir. Y así, algunos pasos adelante, otros atrás, caminar el trecho rocoso que nos separa de lo que queremos latir.
Saber que un día va a amanecer, es nuestra esperanza.
(...)
dos segundos
Siempre se escapan los ojos cuando la dicha espera agazapada tras un sillón raído.
(...)
Si el problema somos nosotros
Si te dejás la barba,
si te ponés ropa muy vieja,
si estás despeinado,
si tenés el pelo largo...
Si comés pescado,
si no querés cenar,
si preferís comer al café con leche,
si tiene grasa...
Si tiene mucha harina,
si el jamón está cortado en cuadraditos,
si el pollo tiene piel,
si ya comimos pizza...
Si fumás,
si te juntás con personas que fuman porro,
si vas a ese lugar que no me gusta,
si sos amigo de aquel...
Si no me decís lo que pensás,
si diciéndome lo que pensás me hacés llorar,
si me decís lo que no quiero escuchar,
si no me abrazás lo suficiente...
Si te vas al trabajo,
si te vas a estudiar,
si viajás,
Si te acostás temprano porque al otro día madrugás...
Si te gusta garchar con la luz encendida,
si te gusta mirarme a la cara,
si te gusta fuerte,
si no tenés ganas de garchar...
Si el problema sos vos, que no me decís a tiempo que el problema somos nosotros...
Nosotros - Yo - Vos - Nosotros - Nadie
si te ponés ropa muy vieja,
si estás despeinado,
si tenés el pelo largo...
Si comés pescado,
si no querés cenar,
si preferís comer al café con leche,
si tiene grasa...
Si tiene mucha harina,
si el jamón está cortado en cuadraditos,
si el pollo tiene piel,
si ya comimos pizza...
Si fumás,
si te juntás con personas que fuman porro,
si vas a ese lugar que no me gusta,
si sos amigo de aquel...
Si no me decís lo que pensás,
si diciéndome lo que pensás me hacés llorar,
si me decís lo que no quiero escuchar,
si no me abrazás lo suficiente...
Si te vas al trabajo,
si te vas a estudiar,
si viajás,
Si te acostás temprano porque al otro día madrugás...
Si te gusta garchar con la luz encendida,
si te gusta mirarme a la cara,
si te gusta fuerte,
si no tenés ganas de garchar...
Si el problema sos vos, que no me decís a tiempo que el problema somos nosotros...
Nosotros - Yo - Vos - Nosotros - Nadie
(...)
El 35 es el pajarito y el candelero.
El 36 es la manteca y la silla.
El 37 es el dentista y el chacarero.
El 36 es la manteca y la silla.
El 37 es el dentista y el chacarero.
El 38 es la verdura y los dados.
(...)
Final I
"Siempre deseé escribir un western. Es muy divertido y, a la vez, muy difícil. Te pasas todo el tiempo preguntándote cómo demonios vas a escribir el tiroteo final."
City, Alessandro Baricco
(...)
Man on fire
Es bueno recordar bellos viejos momentos.
¿Es bueno recordar bellos viejos momentos?
Es bueno recordar bellos viejos momentos.
¿Es bueno recordar bellos viejos momentos?
¿Qué, vos bailás?
(...)
Para armar II
Yo vivo en una ciudad
donde la gente:
a) aun usa gomina
b) toma aspirinas
c) ya no camina
donde la gente se va a la oficina:
a) sin un minuto de más.
b) sin su delantal.
c) sin su arma mortal.
Yo vivo en una ciudad
donde la prisa del diario trajín:
a) parece un film de Carlitos Chaplin
b) trae mocos con hollín
c) retiene mucho orín
aunque sin comicidad.
Yo vivo en una ciudad
que tiene un puerto en la puerta
y una expresión boquiabierta
para lo que es:
a) novedad.
b) curiosidad.
c) banalidad.
y sin embargo yo quiero a ese pueblo
tan distanciado entre si, tan solo
porque no soy mas que alguno de ellos
sin la gomina, sin la oficina
con ganas de:
a) renovar.
b) aniquilar.
c) estallar.
d) disfrutar.
Yo adoro a mi ciudad
aunque su gente no me corresponda
cuando condena mi aspecto y mis ondas
con:
a) un insulto al pasar.
b) una trompada de knok out.
c) la condena social.
Yo adoro a mi ciudad
cuando las chicas con sus minifaldas
parecen darle la mágica espalda
a la inhibición popular
Yo adoro a mi ciudad
aunque me acuse de:
a) loco y de mersa
b) chavista y persa
c) clasista y conversa
aunque guadañe mi pelo a la fuerza
en un coiffeur seccional
y sin embargo yo quiero a ese pueblo
porque mi incita le rebelión
y porque me da infinitos deseos
de contestarles y de cantarles
mi novedad, mi novedad...
Letra de la canción
Miguel Cantilo - Yo vivo en una ciudad
(...)
Diez años challenge
Hace diez años me dejabas una nota en el parabrisas. Una sonrisa en un papel blanco. Mi auto estaba estacionado debajo de la magnolia (el Magnolio). No me presenté en marzo, ¿sabés? Y no, no fue culpa tuya, fui yo, llegando tarde a los momentos importantes. Como ese viernes. Algún día me va a pesar tanto, tanto más, que no voy a poder seguir.
Seguir. Todo siguió adelante, con los corazones rotos, con ese veneno oscuro corriendo por nuestras venas. Pero siguió. No me siento digno de cargar con esta tristeza. Yo tengo que cargar la culpa, pero me la saco de encima como si fueran los mosquitos en Las Flores, diez años atrás. Los espanto, pero vuelven insistentes en el medio del silencio a revolotearme en la oreja. Tanto más, porque la culpa crece con el tiempo, anida, se acomoda, reposa como un retrovirus que infecta el adn de las mitocondrias.
Seguir. Todo siguió adelante, con los corazones rotos, con ese veneno oscuro corriendo por nuestras venas. Pero siguió. No me siento digno de cargar con esta tristeza. Yo tengo que cargar la culpa, pero me la saco de encima como si fueran los mosquitos en Las Flores, diez años atrás. Los espanto, pero vuelven insistentes en el medio del silencio a revolotearme en la oreja. Tanto más, porque la culpa crece con el tiempo, anida, se acomoda, reposa como un retrovirus que infecta el adn de las mitocondrias.
Diez años atrás, laputamadre. Diez años atrás éramos felices. Nos picaban los mosquitos en Las Flores. Cantábamos canciones lindas y mirábamos las estrellas tirados en el pasto. Ya no miro estrellas, ya no volví a Las Flores. No pude saludar a tu vieja por el cumpleaños. Me cuesta saludar a la gente en los cumpleaños, pero tu mamá me cuesta más. Siempre los tengo presentes, me duele que nunca les dije lo culpable que me siento por no haber llegado unos días antes, por querer cumplir con mi trabajo en lugar de ir corriendo a encontrarte.
Diez años atrás. La putamadre. Diez años atrás éramos felices. Yo era feliz al menos. Era el cumpleaños de él. Y estaba de mal humor, para variar. Trabajamos en el campo, aunque no nos dejó manejar el tractor. Al final del día nosotros sacábamos fotos y él daba vueltas, fingiendo estar seriamente ocupado. Tu foto en el atardecer es la última fotografía realmente feliz de un atardecer que yo haya sacado. Tan linda, vergonzosa. Esos días los pasamos felices, tomamos mate, nos trepamos a los árboles y jugamos un rato a ser la mamá y el papá, a ser los niños y los duendes. Tu foto la perdí cuando perdí todo lo que me quedaba, pero la tengo acá en la retina, pegada con la fucking gotita, que nada nada lo despega. Hoy caía el sol en esta caja de cemento, esta caja rodeada de asfalto, y te extraño tanto chabona. Laputamadre.
Diez años atrás. La putamadre. Diez años atrás yo era feliz. Te extraño tanto chabona. Tanto.
(...)
Consignas para un tener buen ambiente de trabajo I
- La tensión ayuda al trabajo.
- La tensión que no ayuda al trabajo es agobio.
(...)
Owners
Daemons. They don’t stop working. They’re always active. They seduce. They manipulate. They own us. And even though you’re with me, even though I created you, it makes no difference. We all must deal with them alone. The best we can hope for, the only silver lining in all of this is that when we break through, we find a few familiar faces waiting on the other side.
Source: Mr. Robot - S1.Ep4
(...quotes...)
Preludio de un acto II
El amor y la traición a sí mismo
El amor según Lacan es, sobre todo, un tipo de vínculo que nace a partir de la palabra. Si no hay palabra, lo que existe es el enamoramiento. Es decir, una fascinación imaginaria. Mientras que el deseo sexual convierte al otro en un objeto de satisfacción, el amor lo trasciende. Se dirige al otro como ser, no como objeto.
Se ama, entonces, al ser del otro. Se aceptan sus fallos y sus debilidades. Cuando trasciende el simple deseo de ser amado por otro, el amor se convierte en un don activo. Sin embargo, este amor también tiene un límite, que queda establecido en una de las frases de Jacques Lacan: “Cuando el ser querido va demasiado lejos en la traición a sí mismo y persevera en el engaño de sí mismo, el amor no lo sigue más”.
Cuando hay amor, se ama al ser del otro. Ese ser se traiciona a sí mismo constantemente y aún así, se sigue amando. Sin embargo, cuando esta traición llega muy lejos, al punto que se desfigura el ser, desaparece el sentimiento.
En otras palabras se deja de amar a quien se traiciona a sí mismo, se engaña, deja de ser esa persona a quien hemos amado.
El amor según Lacan es, sobre todo, un tipo de vínculo que nace a partir de la palabra. Si no hay palabra, lo que existe es el enamoramiento. Es decir, una fascinación imaginaria. Mientras que el deseo sexual convierte al otro en un objeto de satisfacción, el amor lo trasciende. Se dirige al otro como ser, no como objeto.
Se ama, entonces, al ser del otro. Se aceptan sus fallos y sus debilidades. Cuando trasciende el simple deseo de ser amado por otro, el amor se convierte en un don activo. Sin embargo, este amor también tiene un límite, que queda establecido en una de las frases de Jacques Lacan: “Cuando el ser querido va demasiado lejos en la traición a sí mismo y persevera en el engaño de sí mismo, el amor no lo sigue más”.
Cuando hay amor, se ama al ser del otro. Ese ser se traiciona a sí mismo constantemente y aún así, se sigue amando. Sin embargo, cuando esta traición llega muy lejos, al punto que se desfigura el ser, desaparece el sentimiento.
En otras palabras se deja de amar a quien se traiciona a sí mismo, se engaña, deja de ser esa persona a quien hemos amado.
Fuente: Edith Sánchez
(...)
Preludio de un acto I
No pretendo cambiar el Universo, sino mi modo de mirarlo.
Dihavarsa
(...)
Reflexión I
Siempre es triste volver a casa.
Pero es el lugar conocido, ese que nos sabe las mañas, que con los ojos cerrados ponemos los dedos dónde están las llaves de las luces o podemos sentarnos sin dudar dónde pega el aire cuando abrimos la ventana.
Siempre es triste volver a casa.
Pero el cariño de los vecinos que nos extrañaron no se hace esperar. Los panes caseros, la fruta fresca recién arrancada del árbol, las verduras de la huerta, son más ricos de lo que los recordabas.
Siempre es triste volver a casa.
Por eso nos vamos cuando cambia el viento.
(...)
Hoy estuve en la facu. Había llovido toda la noche y la mañana era gris pero cálida, con esa fresca humedad que sólo disfrutamos los que sabemos caminar entre los árboles. Las densas nubes grises amenazaban con escurrirse en pequeñas formaciones hidrológicas. Formaciones que debido a la presión atmosférica, la velocidad y la fuerza gravitacional, en algún momento de su recorrido se vuelven esferas perfectas.
Las actividades académicas que me habían llevado hasta la facultad no merecen ser minimizadas, correspondieron en una entrevista con el director de la carrera e intercambio de certificados en la administración de la misma. ¡Unos nervios, nena! Tanta cosa contenida, y tanta cosa mezclada que cuando caminaba para salir de la casa de estudios sentí que se estaban por largar a llover en mis dos adminículos ópticos fisiológicos y anatómicos. ¿Dónde llover cuando uno está rodeado de gente en un predio que no entiende de sentimientos ni de las inoportunas verdades de los lagrimales? No corrí, para guardar alguna apariencia.
El bosquecito estaba tan tranquilo. Las hojas y las ramas contenían las gotas tan bien como mis cavidades oculares. Nuestro epígrafe estaba perfectamente limpio, será por la fecha. La última vez que realicé el ritual de limpieza había sido hace exactamente un mes, por ende no hicieron falta las formalidades, y antes de darme cuenta el cielo rompió en chubascos en toda mi cara.
Unos susurros de pasos a mi alrededor me llevaron a internarme en nuestro bosque -porque el bosque es indefectiblemente nuestro- y con un breve movimiento de las cañas, hice llover para disimular la otra lluvia, casi a modo de divertimento. Siempre es lindo recordar que te reirías, que mirarías hacia la cúpula verde y verías caer las gotas tratando de no pestañear. Me sentí abrazado y abrasado, todo rojo me puse. Había más que nervios pugnando por salir.
Qué locura que es la piel, los músculos, los movimientos que hacen, los pasos. Qué locura es todo lo que somos.
Qué locura el tiempo.
Qué locura vos.
Qué locura yo.
Llueve de nuevo.
Las actividades académicas que me habían llevado hasta la facultad no merecen ser minimizadas, correspondieron en una entrevista con el director de la carrera e intercambio de certificados en la administración de la misma. ¡Unos nervios, nena! Tanta cosa contenida, y tanta cosa mezclada que cuando caminaba para salir de la casa de estudios sentí que se estaban por largar a llover en mis dos adminículos ópticos fisiológicos y anatómicos. ¿Dónde llover cuando uno está rodeado de gente en un predio que no entiende de sentimientos ni de las inoportunas verdades de los lagrimales? No corrí, para guardar alguna apariencia.
El bosquecito estaba tan tranquilo. Las hojas y las ramas contenían las gotas tan bien como mis cavidades oculares. Nuestro epígrafe estaba perfectamente limpio, será por la fecha. La última vez que realicé el ritual de limpieza había sido hace exactamente un mes, por ende no hicieron falta las formalidades, y antes de darme cuenta el cielo rompió en chubascos en toda mi cara.
Unos susurros de pasos a mi alrededor me llevaron a internarme en nuestro bosque -porque el bosque es indefectiblemente nuestro- y con un breve movimiento de las cañas, hice llover para disimular la otra lluvia, casi a modo de divertimento. Siempre es lindo recordar que te reirías, que mirarías hacia la cúpula verde y verías caer las gotas tratando de no pestañear. Me sentí abrazado y abrasado, todo rojo me puse. Había más que nervios pugnando por salir.
Qué locura que es la piel, los músculos, los movimientos que hacen, los pasos. Qué locura es todo lo que somos.
Qué locura el tiempo.
Qué locura vos.
Qué locura yo.
Llueve de nuevo.
(...)
“La baja autoestima es algo muy generalizado, incluso de forma cultural parece que está penalizado socialmente hablar bien de uno mismo. Esto hace que lleguemos a adultos más inseguros, con listones más bajos, miedos, inseguridades… que hacen que a veces no aspiremos a más o a lo que realmente queremos” - Amparo Calandín
Tomá pa vo'
Tomá pa vo'
(...)
Post title
Siendo las
11:40 a.m.
.
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comentarios
Sólo cuando hayamos cruzado el límite.
Sólo desde que sentí el desprecio.
Sólo porque nada me emociona.
Sólo a modo de castigo.
Sólo en sentido histórico.
Sólo básicamente.
Solo.
Sólo desde que sentí el desprecio.
Sólo porque nada me emociona.
Sólo a modo de castigo.
Sólo en sentido histórico.
Sólo básicamente.
Solo.
( ... 2013 ...)
